miércoles, 16 de diciembre de 2015

LA DORADA COMPILACIÓN PURPÚREA CANTA LAS 40

¿Saben ese mueble esquinero que, por alguna razón, siempre ha estado en casa materna desde que uno tiene recuerdo soportando impasible el continuo desfilar de años, lustros y décadas?... Y es curioso porque, es de buen suponer, todo o poco menos habrá cambiado alrededor desde la bisoñez propia pero, mira, el muy cabrón se las ha apañado para seguir ahí donde todos sus decorativos/funcionales compañeros han acabado cayendo (sea en el olvido o literalmente). Pues atendiendo a eso, y haciendo un rápido ejercicio de extrapolación garrafera, les explico ahora que si dicho mueble fuera un disco en el piso que me viera crecer y que todavía habita mi señora madre, sería ello sin margen a duda existente el puñetero "24 Carat Purple". Tal cual.


La importancia de Deep Purple en la historia rockera es algo tan inabarcable que mejor ni arrancarse con ello de lo puro obvio (nos ha jodido). Sin embargo, aunque la "batallita" habitual al recordar "la primera vez" con DP suele girar sobre lo mucho que impactó,  a quien toque, "Machine head", "In rock" o/y el puñetero doble live japonés (con dichos tótems como ejemplos recurrentes de los varios posibles, claro), servidor se enganchó y mucho a esta banda por culpa del artefacto que hoy vengo a referir... "24CP", que es básicamente el "best of" (el primero de los cuarenta millones que debe tener la formación) de EMI editado en 1975 (que lo hicieron aposta para que coincidiera con el año en que me parieron, indiscutible ello) con quienes ya habían firmado "Stormbringer" el año anterior y el pelín -para mi, al menos- ninguneado "Come taste the band" para la misma temporada. Esto és: EMI metiendo mano a la etapa Warner, la más sagrada del legendario combo (70-73) y con su alineación más mentada y recordada de siempre... Fácil suponer, finalmente, que en claro ejercicio de reflotar el buque en ventas y de cara a inminentes "tourismos"/conciertos varios (que al salir esto ya no están Blackmore ni Gillian, y hasta a Glover lo tenemos de excedencia).

El tracklist del álbum en cuestión es un escándalo. Pura historia rocanrolera cada maldita piedra del camino. Y aunque siendo ésta la primera vez que escribo (en exclusiva, sin formar parte de otro posteo y como de pasada/referencia) sobre Blackmore, Lord  y cia en el espacio lo suyo, probablemente, hubiera sido empezar con alguna de sus masterpieces habituales, al repasar dicho listado de canciones se me pasan todas la tonterías y tontunas juntas y a la vez... "Speed king" de In Rock, "Strange kind of woman" y "Fireball" del disco de mismo título que la segunda, "Never before" del Machine Head, "Woman from Tokyo" de Who Do We Think We Are, rematando con la visita al Made in Japan para "Smoke on the water" y "Child in time" y el outtake (en primicia primiciosa mundial) del mismo sarao que no deja de ser la -por otro lado- no menos icónica "Black night". En resumen (es lo bueno que tiene tratar algo tan putámico y vox populi... a qué más vueltas):  imparable colección de dardos que alimentaron mi niñez-adolescencia de forma continua y siempre más que bienvenida. 


Y es por todo ello, al fin, que aunque ya corrían por casa varios de los discos clásicos más reconocidos de la formación, -recuerdo aquí que tengo un hermano trece años mayor-, en su inocente y cándida edad del pavo servidor de uds se quedó prendado para siempre de esta dorada y eternamente ajada portada del vinilo que hoy recuerdo... Y que reencontré hace menos de un par de semanas en visita al nido materno, encima un armario y mientras trataba de encontrar otro disco que, por supuesto, no encontré... Y ahí lo deje de nuevo al "Carat Purple" de marras, cómo no, que esa es su casa. Siempre lo ha sido. Como el mueble-columna esquinero del teléfono. Y estuvo bien la cosa: nos saludamos como los viejos amigos que somos, le dije que ahora tenía una hija de casi cuatro años y se alegró mucho, y quedamos en llamarnos para ponernos al día... Después, al rato, caí en la cuenta de mi descortesía al no preguntarle a su vez por sus ocho hijos... Pero, qué cojones, tampoco es que trascienda mucho ello, la verdad... Y es que ya se como están y estarán: Gigantes, como siempre. 


jueves, 10 de diciembre de 2015

SUPER 8 Y SU CÓSMICA VIGENCIA COJONÁSTICA


Puede que de forma algo inconsciente, "burraica" si prefieren -y aún teniendo de siempre en considerable estima al artilugio-, tenga algo infravalorado por defecto este estreno planetario que tantas alegrías nos diera a muchos por allá el verano del 94 y en adelante...

 La razón principal de ello, así a salto de mata, que se me ocurre se bifurca en dos:  a) Para mi, en base a querencias propias, la banda alcanza el pleno de su sonido y discurso con la posterior dupla del "autobús" y el "desplazamiento" (nunca me han convencido y llevado al huerto más que con lo alcanzado en esos discos); y b) lo que denomino el "efecto Pop"... y aquí media explayación. El primer disco fue (y és) en no pocos momentos un festival de distorsiones guitarrero-psicodélicas del caerse de culo que no despreciaba en absoluto la melodía y, a su vez, lograba que uno -o a muchos nos pasó vaya- le importara un millón de infiernos la brocha gorda de las letras o que a J no se le entendiese nada -directamente- a veces. Esto es: lo que tenía de bueno lo era tanto que hacia trizas lo que de malo/peor se le quisiera o pudiera encontrar. Sin embargo tenemos aquí un ejercicio de esos del "enemigo en casa"... Dicho estreno contenía su hit-single "Qué puedo hacer", lo que sumado a "Nuevas sensaciones" -de regalo con el cedé- y la buena acogida del sector indie para con "Mi hermana pequeña" del EP "Medusa" del año anterior a su estreno de largo, hizo que el segundo LP, "Pop", fuera (aún a pesar de su lisérgico tema de apertura que se queda como despistante anécdota) un compendio de ese tipo de discurso... Si, para mi "Pop" ha envejecido francamente mal. Demasiado "tontorrón", demasiado "tan típicamente indie" como los entonces incompasivos entes firmantes del Ruta 66 afirmaban... Demasiado avezado al teenagerismo pajillero o al egocentrismo sin fronteras del primer veinteañero que, por lo general, sabe de todo sin saber prácticamente nada... Y no son malas (que tampoco la releche, ojo) canciones/cosas como "Aeropuerto", "8" (aunque su letra sea el paradigma de la sobreingestión de azúcares) o "Una nueva..."... Pero ese tono general de "siempre/nunca", "todo/nada", de "qué especial que soy y lo és todo lo que me pasa" pues, con el pasar de los años, carga (por lo ramplón) y hasta aburre (por lo tópico), la verdad. En resumen, y dejo de hacer sangre ya, un trabajo que solo tiene sentido a cierta edad de la vida y completamente transitorio y rendido a ello (dos, tres o hasta cuatro ok -que hasta molan en esa medida, si-, pero un álbum prácticamente íntegro de "nuevas sensaciones" es lo que quería su público de los 40 pero, a la postre, siempre lo he visto como el punto más claramente prescindible -y barato- de su carrera)... Por suerte, el par que seguirán son algo muy distinto y, por supuesto también, el que precede aguanta sin demasiados pesares al Carbono 14, superadas ya el primer par de décadas de existencia.  Y con él es con el que nos vamos y quedamos a continuación.

"Super 8" debe ser, no creo me equivoqué y por una u otra cuestión -sin olvidar aquello de "lo generacional"-, el disco de rock cantado en castellano que más veces he escuchado en la vida (quizá de la mano con "Chantaje emocional" de Polanski y el Ardor, pero eso es muy distinto y ya si acaso lo dejamos para otro día). Colega constante y fiel que encabía sin demasiados pesares entre mis compulsivas (enfermizas, seguramente)  escuchas de Dinosaur Jr y Sonic Youth, cuando todo el mundo alrededor parecía volverse loco con aquello del brit-pop (que nunca será, me temo, especial santo de mi devoción... al contrario, según cómo). La reverberante guitarra distorsionada, de insecto marciano agonizando en los bafles, abriendo "De viaje" es algo icónico para mi. La pista de bajo de May y la batería de Paco son del tocarse sin más  (y ya solo por esto les quedo en gratitud por siempre a pesar de su exigua trayectoria en el total de la singladura del combo),  la potencia guitarrera y variaciones (y desvariaciones) mil de los omnipresentes Florent y J sumado a lo invencible del reverso melódico acaban por configurar una presentación, un "aquí estamos", de imposible mejorar. Siempre grande, siempre magnífica, que podría ser mejor que estar siempre con ella por galaxias infinitas y tal, vaya... (y acostúmbrense cuanto antes a los "siempre" y los "nuncas" para con estos primeros pasos planetarios, claro). "Qué puedo hacer"... Si, es fetén, claro. Que nadie se despiste con parte de lo contado en el anterior párrafo. Además media la comprensión, es de ley reconocerlo,  de que si no hubieran hecho algunas de éstas no se hubieran comido una décima de lo conseguido. Y, como también apunté antes, dos o tres situadas estratégicamente en el disco sientan francamente de cojones y resultan un subidón más que agradecido (es el abuso de ello, como tantas cosas en la vida, lo que me estropeará el guiso para el siguiente disco -amén que ahí no haya ninguna que se le acerque a ésta ni en la peor borrachera de la vida-). 

Pero es ahora, definitivamente y al tanto, donde (me) viene lo realmente enorme de éste álbum... A excepción de "Jesus" (que para más narices es mi canción favorita de siempre de estos Planetas más eléctricamente vivaces, directos y sin ambages), entramos en una dinámica de falsos medios/lentos tiempos recargados de estática, que utilizando a su manera el discurso loud-quiet-loud que los adorados Pixies mejoraron del Gun Club en los últimos ochenta le da a este disco esa aura tan maravillosamente lograda y única... Algo así como escuchar a los Galaxie 500 y la familia sónica de Thurston y cia a la vez, y tan ancho me quedo pues así lo veo (y escucho) de siempre. Y, al loro nuevamente, que cuando se vuelven a salir del patrón es para generar ese "Desorden" que, de alguna manera (y dejando constancia que es top-3 inamovible de la formación para el menda junto a "Anuncio para coches" y "Parte de lo que me debes"), es como una pista "proto-autobús"... Ésta sí tendría que haber sido para mi el modelo sobre el que edificar la continuación inmediata de "Super 8"... Hubieran vendido menos, sin duda, pero el mentado "autobús" hubiera llegado mucho antes, para solaz personal. El sufrimiento adictivo de "Si esta bien" y la famosa "Brigite", el hipnótico masaje voltaico de "10000" que siempre me hace pensar en los queridos Yo La Tengo de "Painful" o el melodrama de "Estos últimos días" con ese final tan bonito de guitarras que tiene la cabrona... Muchos activos, está claro. Y todavía nos queda el susurrado/colgado "Rey sombra" y su perezosa melodía que se te engancha una y, en efecto -aún contradiciendo su significado en la canción-, "otra vez"... Y para el final ya, cómo no, la tremenda "La caja del diablo" que nos regala parte de lo mejor de casi todo lo que la precede en sus más de nueve minutos que, posiblemente, alejarán a los fans (en exclusiva) de "David y Claudia" o "Punk" pero dejará testigo por siempre de la entidad y calidad de esta formación... Otra clase "de viaje", sin duda, menos bonito y recordado de primeras que el otro, pero igual de necesario y nutritivo, en definitiva, al ser medido y contrastado por ese juez infalible que es el tiempo. ¿Algún pesar ya con la peli acabada y las luces encendiéndose en la sala?... Bueno si, uno hay, pero solo uno... "Nuevas sensaciones" ya me parece genial como sencillo, está claro, pero a "La casa" había que hacerle un hueco en "Super 8", por el amor de todo... Maravilla de canción e inexcusable cagada dicha exclusión para mi (esa bass guitar otra vez...).


En resumen: pasados esos veinte años (más el de propina) "Super 8" me sigue pareciendo un disco muy altamente recomendable... "el disco de rock cantado en castellano que más veces he escuchado", en efecto. Y, miren que les digo, muy orgulloso de ello además. Qué narices.

lunes, 7 de diciembre de 2015

OTIS, LA VIEJA EUROPE Y LOS HIJOS DE UTAH DEL "OLMIUSIC"

Me consta que ya parezco el hace bastantes años finado humorista gráfico Perich con sus exacerbadas chanzas (sin cuartel) a Perales, cambiando (eso si) el objetivo de mis ataques por la famosa web de caracter enciclopédico Allmusic y ese suyo ponderar las cosas -estrellitas de turno mediante- tan a la brava y ligera que me cruzo con no poca asiduidad en dicho lugar... Y es que a ver, vamos de cara y a por todas, lo de hoy ha sido muy strong y completamente inexcusable, brothers and sisters... ponerle 3 estrellitas sobre 5 al "Live in Europe" de Otis es para cagarse ya en algo muy seriamente  y tal (por lo menos en base a cuentas propias). Es de cinturón negro y siete dans en "merlucismo gratuito en pista indoor", y más allá...


Como ya es sabido por algunas buenas y malas gentes que me conocen para mi el más grande ever, el mejor cantante y mejor voz (y sea de soul, rock, death metal húngaro o techno-lambada acústica), será por siempre jamás su souledad Sam Cooke. Esto es así y en mis querencias no se le acerca dios o demonio en lo suyo (que es "cantar", básicamente). Pero ni tan siquiera un fan irredento y mal lechoso como quien suscribe puede, en las últimas, negar que hubieron unos pocos elegid@s que, en efecto, pueden sentarse a su mesa... O, si se prefiere, cuya comparación, y aunque comparación solo sea, no me deviene un insulto y falta de respeto galopante para con el hacedor de "A change is gonna come". Otis, como James o Aretha es uno de los casos más flagrantes. Evidentemente. Si, hasta para alguien que preso de su repelencia y biliosismo sin fronteras como el menda no deja (ni dejará) nunca de afirmar que buena parte del éxito de Redding pasa por el expolio desmedido -mayormente en sus inicios- al catálogo de Sam, resulta a la postre cristalino ello (además, conviene reparar en lo lógico del asunto por el  tan temprano óbito... que tampoco le dio tiempo a tanto, y la que lia igualmente el puñetero con el tan cruelmente breve del que dispuso). Es lo de siempre: lo tozudo de la puta y dura realidad, en resumido resumen. Porque este hombre que nos abandonó a unos tan tempranos veintiséis deja en la historia, y al entender propio, un vacio tan abismal que la lista entera de los cacareados y también finados con una añito más del rocanrol no acierta a llenar ni en su décima parte... Y me sabe especialmente mal por el tan admirado Jimi -por el que mato-, pero así (se insiste) lo siente uno. Bien, dicho todo eso, es cuando además les suelta servidor ahora que TODO lo de "esas gentes" (los mentados y algunos que otros más) que me he cruzado hasta fecha presente en "live mode" me sabe, infaliblemente, a puta ambrosía destilada en el alambique secreto de todo el maldito santoral al completo. No hay estrellas en el cielo para puntuar esos discos en directo... qué más que meros "discos" son documentos históricos por derecho propio, joder. Y, cómo no, "Live in Europe" de Otis, los cojones treintaitrés va a ser la excepción. 

La cover de los Stones no tiene desperdicio, y aunque más justita me parece la de los Fab-4 (lo cual, particularmente, me parece lo más lógico de la vida a poco se analice un mínimo) Mr. Redding sale airoso sin excesivos pesares o sudores.... Están "My girl" de Smokey y "Shake" de Sam atacadas con el delirio y/o la fuerza que corresponde a cada una. Esa "I can't turn you loose" por el amor de todo lo querible (y supongo va reparando todo dios, que por obviado lo dí, en los nombres de las canciones que aquí se vienen refiriendo o citando llegadas estas alturas)... La apertura con "Respect", el pandemonio de la despedida con "Try a little tenderness"... Escandaloso sin más. Y, claro, los pelos escarpiados ya del todo para su "These arms on mine" que ya hacen la colección completamente memorable y disfrutable a la par aún sin siquiera haber mentado todavía la puñetera "I've been loving..." de las narices. En fin, que "tres estrellitas" a esto, si, desde luego... Y después, sin ningún miramiento o pesar, te calzan cinco, pleno, a cada medianía/castaña neomilenaria  que es ello como para caerse de nalgas un mucho sino ya del todo... Por no ir a posibles ejemplos más humillantes/sangrantes, sres/sras de Allmusic: ¿de verdad que si algunos de los White Stripes o el estreno de las monas árticas son discos "five stars" para uds, el "Live in Europe" de Otis Redding se queda en three?... Ojo al tanto!, ¿qué es eso que parece se va volando por la ventana?... ¿es un pajaro?... ¿un avión?... No !... És su maldita credibilidad !! (desgraciaos, incluso).

Pd. Ya puestos, ni que sea por ser la última grabación, y aunque "live" sea, del gran músico en vida y aún aceptando que, como en tantas ocasiones, tengan el gusto ahí donde la espalda pierde su nombre mientras los pepinos amargan... no sé... un poco de respect, cariño o algo, ¿no? (y aunque de seguidillas ganara el inolvidable Otis la champions en post-mortem, como el Cid).


"SHOOTENANNY !"... O EL LIBRO DE ESTILO DEFINITIVO DE Mr. EVERETT


Que en este antro se es fan, y mucho, del Sr. Mark Oliver Everett (que es lo mismo que decir Eels) es algo que ya se ha tocado en diversas ocasiones. Vaya por delante el especial que se le dedicara aquí tiempo ha (en el que debiera incluirse algún tipo de anexo por realizarse antes de su todavía última -y magnífica- referencia en estudio) y, por si poco resultase tamaño ladrillo, añado porqué sí la reseña que realizara servidor para el Exile SH Magazine (también hace un tiempo) del que por siempre será mi disco favorito suyo en particular y uno de los predilectos ever, y ya directamente,  firmado por quien quiera dios que toque al generalizar: el primordial e impagable "Electro-shock blues" de 1998.


Ello dicho y por otro lado, me ha parecido hoy, ya iba siendo hora de hacerle justícia en la casa al disco de cabecera de entrada. La razón más importante y significante de ello me resulta el que estamos ante su, y claramente en base a gustos propios, segunda mejor referencia. Para cerrar el podio, el top 3, me temo que más allá de los logros futuros que puedan darse, -los que nos pueda regalar Mark-, la pugna entre su castillo parido durante años y años de erosión creativa a fuego lento ("blinking lights") y la maravillosa fantasía pop-folk con ecos a la infancia del tercer disco con su desfilar de cascabeles y xilófonos ("daisies of the galaxy"), nunca me dejará en remanente un vencedor del todo claro... Ello (la tremenda enjundia de esos dos álbumes -y obviando aquí un considerable etc.-) sumado al nivel habitual, excelso, de nuestro mayormente barbudo prota de hoy cuya única bajada de pistón se encuentra en sus dos referencias del 2010 (especialmente en "tomorrow morning" donde, cómo no, se puede encontrar igualmente algún que otro tema de desbordante calidad), logra generarme siempre un mérito de "extra bonus deluxe que te cagas" llegada la hora de evaluar este "Shootenanny !" del 2003.

El gran comodín, activo y triunfo de éste, el quinto elepé de la saga, reside claramente en su férreo e intachable balanceo. Todo "lo de Eels" aparece en "Shootenanny !" de una u otra manera en su mejor y más cojonástica forma... Y, desde luego, se acercarán "Hombre lobo" o "Wonderful glorious" en el futuro (par de fistros insaltables, ni qué decir) pero solo aquí (al modesto, pero harto convencido para el caso, entender de uno) tenemos la destilación absoluta y clavada de lo que se intuía podía lograr Eels desde el primer, y ya casi monolítico, disco. Tiene este trabajo un inicio con la electricidad marciana heredada del inmediatamente anterior -y muy notable- "Souljacker",  con la dupla formada por el blues de manual, aunque falsamente arrastrado por desarrollo, de "All in a day's work" y (claro) el morrocotudo y adictivo single "Saturday morning", que no en vano fue la careta de presentación del álbum. Pero atención, que vuelve la fantasía melódica sin miramientos (y orquestación clásica y todo de ser menester) del primer y tercer disco con "The good old days", "Wrong about Bobby" y la final "Somebody loves you" (imbatible hat-trick !). Bombástico también el doblete  que se monta el tio con las emblemáticas y vivarachas "Rock hard times"y "Dirty girl"... Y mención aparte para "Lone wolf", una de mis canciones por siempre del barbas (que debió haber sido single y número uno hasta el infinito y beyond para quien suscribe), está claro. Y si para la reposada "Restraining order blues" vuelven fugazmente los pelos escarpiados del segundo disco en "Fashion awards" le da la consabida vuelta tuerquera de más con ese falsete que el canalla se saca del badajo. "Love of the loveless" (tremenda) y "Agony" siguen, a su vez, también con la linea de producción de "Souljacker" pero, en esta ocasión, por lo tocante a medios y lentos tiempos respectivamente (y mucho ojo al transcurrir de la segunda con ese final de peli "neilyoungera" con guitarra reverberante). Lo que, ya finalmente, nos deja en cueros y de cara ante la preciosa y desarmante desolación de una "Numbered days" que es una de mis tres canciones predilectas del artista... en el día que peor me cae. "Song of the life" absoluta de esas para mi en resumen postrero (y para no alargar ya más).


Y hasta aquí. Hasta aquí el vademecum definitivo (hasta que lo contrario se demuestre, al menos y como todo) del mundo "Everett/Eels" que oferta y consigue, más y mejor que nunca -recalco y reitero-, el cojonástico "Shootenanny !" de marras. Qué aproveche.


miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL AZUCARADO E INDISPENSABLE COBRE AZUL DE MR. MOULD

Por supuesto que hay que agradecer, y mucho, a David Barbe y Malcolm Travis los servicios prestados (tremenda base rítmica a degüello y sin contemplaciones) pero, lógico, decir Sugar -la banda- es como decir T. Rex o Eels (por ejemplos rápidos de incontables posibles): un eufemismo escondido detrás de un ente creador único y acojonante a todas luces y sombras.


Bob Mould no es meramente "bueno", ni "mola", ni "está muy bien"... Este señor es un elegido para la gloria y tal cual. La importancia -e influencia- de Hüsker Dü en la historia del rock guitarrero es algo nunca lo bastantemente reconocido (esta gente sacó el hard core del guetto como los Mats hicieran con el punk rock o, por qué no, Sonic Youth con su impagable noise de marras y el art rock), su carrera en solitario tiene tantos discos buenos que uno se descuenta fácil (y algunos, ojo, brutales hasta gritar basta) y, en medio de todo eso, todavía tenemos a estos tan esporádicos como tremendos Sugar que dispensaron un par de discos y un EP que son gloria bendita entre 1992 y 1994... Discos de culto, a pesar de su bastante reconocida y reverenciada condición, en no pocos lugares.


Tras partir peras con Hart (a los que los Posies dedicaron una cojonuda track en su "Amazing disgrace" y que, ya puestos, se marcó un discazo de narices hace un par de años que pasó casi completamente desapercibido -entre otras cosas, que el pájaro se las trae también-) y huyendo de la mayor oscuridad de Hüsker, y siguiendo desde la mayor tendencia melódica de su último studio album (el magnífico "Warehouse", si), Bob oferta lo más amable y accesible que jamás haya parido en esos tres años -más el pico- de gloria bajo la label Sugar. Y, por supuesto, de Sugar hay que tenerlo todo (hasta las caras B) pues, seguramente, nadie hizo "ruido melódico de manual" al nivel de esto en su década. Sorprende la mezcla conseguida de algo tan claramente rádio-formulable, y a la vez, tan igualmente provisto de la enjundia y la personalidad (e integridad) que conviene esperar del artista firmante de todas esas canciones. Y es que, sin tener nada en contra de Grohl (junto a Homme lo mejor que la rádio-fórmula rockera e inmediata -y facilona, cabe admitir- nos puede ofrecer desde hace bastante), siempre que escucho a Sugar no puedo dejar de preguntarme como Foo Fighters puede amasar millones y esto se quedo en las puertas del éxito masivo... No es que sean ligas distintas: es que no es ni el mismo puto deporte (superioridad azucarada incalculable y eterna). 


Su estreno, éste "Copper blue", sería seguramente y además el (y un) disco que le recomendaría hasta al diablo. "Una bonita colección de melodías", sí señor Mould, está claro. Pero mucho más que eso también. Uno de los discos más aclaparadoramente adictivos que he escuchado en la puta vida ésta. Tal cual. Y yo, gilipuertas de mi, lo puse solo el "33" de mi reciente listita de discos favoritos noventeros... Ahora lo escucho (mientras escribo esto) y les aseguro que quitaba media docena fácil para meterlo en el top-20 (el mal de hacer las cosas a lo bestia y sin miramientos por el autoengaño ese de "lo hago como me caiga y mi subconsciente, que no se equivoca,  hará el resto"... y raramente funciona eso, no nos engañemos) . Diez canciones  "todo singles" donde el tan honorable músico se las apaña para poner todos sus activos en danza en mayor o menor grado... y no veamos todos a qué nivel, la madre lo facturó. Prima la inmediatez, claro (ahí tienen los tres emblemáticos y directísimos singles, más otras como "Fortune teller", "Hoover dam"  o la tan amable "If i can't change your mind"), pero el tono arrastrado de la cojonástica "Slick" y la incompasiva y continua "The slim" -donde más recordamos la procedencia, la banda madre del músico-, más el plus de las enormes piezas de apertura y cierre ("The act we act" y "Man on the moon", al respective) , acaban por configurar un señor discazo. Y si, siempre he visto cierto expolio a pixieland en el inicio de su harto putámica "A good idea" (ese bass y esa entrada de segunda guitar... ) pero me la trae mucho más que lironda ello... Además, segura y precisamente sean los -tan admirados también- Pixies los primeros interesados en no pasar cuentas de las de "quién coje algo a otro" con Mr. Mould de por medio... Para devorar hasta la extenuación (disco y banda), en resumen y sin más. Y fin.

martes, 1 de diciembre de 2015

UNA MAÑANA NUEVA FOREVER


Es mi disco setentero favorito del Genio junto a "Street legal" y, por lógica y a partir de ahí, uno de mis elegidísimos de Zimmerman. Necesaria la premisa, pido se sepa disculpar, a fin de poder avanzar sabiendo todo cristo a que atenerse en adelante.

La grandeza de "New morning" es algo fácil o difícil de tratar de explicar al ir siempre ello en base del "dylanismo" del sufrido lector/oyente que toque. Seguramente una de las últimas razones de mi redención total aquí sería el ver o entender uno en lo musical, y en equilibrio perfecto, al "Dylan de antes" y al "Dylan de después". Y claro que el artista ha producido masterpieces a posteriori (es el fucking Bob Dylan, nos ha jodido), pero la evidencia -por la que me disculpo nuevamente- golpea de muerte certera a la hora de afirmar que si éste hombre es "dios" es por lo que facturó en los 60's y 70's... Y la "nueva mañana", finalmente, me resulta el crossover postrero, la bisagra indebatible, mucho más allá del mirar calendarios ya que, obvio, queda en mitad de camino. 

El contexto histórico y su reacción -la de Bob- hacia el mismo nos da, en cierta medida, la clave del sonido y sentir del disco. Cabreado con el mundo y la industria musical se sacude todas las pulgas con la autólisis comercial del "autorretrato" ya que no quería seguir siendo "una voz generacional" ni nada se le asemejase por mucha presión externa mediara (el estaba más por el "qué coño hacen matándose en la otra punta del mundo" que no por el "qué valientes nuestros bravos soldiers en Nam"... y se limitó a ser consecuente consigo mismo, jodiera  a quien lo hiciera). La leyenda ya era gigantesca y putámica entonces, ahí están sus discos/tótems sixties que le eternizan -enchufado y no-, la credibilidad como músico único (del folk al rock, del rock al country, de los changes a blonde, de blonde a Nashville... y vuelta empezar juntándolo todo), la fiesta con The Band... En fin, lo que sale hasta en las bolsas de madalenas. Pero, y siempre particularmente en impresiones, hay algo pegado por siempre de forma indeleble e inmejorable a "NM": la Libertad es, en efecto, el sentir predominante del álbum... pero no es la libertad de "vamos a salvar al mundo" de su barbilampiño primer lustro de singladura, no, es la libertad personal -tocando ya la treintena-  a lo que se canta y por lo que aquí se deja caer el músico. Y no es meramente un ejercicio de onanismo personal, ojo -"oh cuánto sufro, dejadme en paz demonios de la industria y demás tocahuevos"-, y es un disco buscado y muy destilado (a vueltas siempre con lo de que "self portrait" es en definitiva las canciones menos buenas de las sesiones de skyline y éste -cosa bastante discutible, bootleg de turno mediante-), si, pero en lo musical no se limita, ni mucho menos, a encerrarse en ese sentimiento apuntado... en ese sentir de amargura. Es más, en un ejercicio que auna de lleno sabiduría y pura genialidad, le da la vuelta por completo al calcetín: es muy variado en comparación a otras obras (frecuentemente mejor consideradas en dichas comparaciones), bastante e indisimuladamente alegre en melodías e instrumentaciones, y (para no alargar más) que, en cualquier caso, (me) genera siempre un sentimiento de "ya soy mayor, y ahora -en adelante- voy a hacer lo que me salga de las narices definitivamente"... sin necesidad de demostrar nada a nadie (atendiendo ello a vida y obra del "duluthero", claro está).  Ese es el tipo de "libertad" que se encuentra y se genera desde "New morning", la de un Dylan que se acuerda que también es peatón amén de elegido y se gusta y acepta como tal. De ahí (y recordemos lo de "siempre para el menda mode") su tono de celebración (maxime en lo sonoro). No puede ser casualidad los matices souleros con la Sra. Stewart o el desfilar de teclas... Joder, reparemos en el título del disco, mismamente, ¿qué mas hace falta?.  


El tracklist del disco no tiene fisura alguna. No veo a que darle mucha más cancha al tema dada la fama del álbum y del ente firmante. Es un 10 pleno y tal cual (eso es Ley). Además, ojo, es un disco que escucharemos y descubriremos muchas veces en la voz y arte de muchas otras gentes... Pero, claro, ni que sea fugazmente, por tener ésta "New morning" pues tiene... La alegría del tono de la célebre "If not for you" (esa harmónica hace salir el sol a su hora favorita de la noche), los teclados (los dos) de "Day of the locusts" tan magisteriales ("yeah !", of course), "Time passes slowly" que es primer Tom Waits antes de Tom Waits pero con esa guitarra que te mata (por pura clase atesora, la cabrona),  "Went to see the gipsy" que ya nos hace flotar del todo con lo de with music in my ears y demás (de las favoritas de este hombre, con la enormidad que ello supone), vals-midwest a la salud de Mr. Orbison (que es como para enviar -por enésima- al bosque a todos los cantamañanas que dicen que Robert no sabe  cantar y sandeces por el estilo) para la maravillosa "Winterlude" y, cerrando la primera parte, "If dogs run free" que es el reverso negroide de Zimmerman en slow burn más y mejor que nunca (o poco menos).

En el segundo acto nos topamos, ya  de frente, con "New morning" -the song- que detiene el tiempo en su recitar hasta su estribillo randynewmaniano del caerse... Todo dios en pie ahora para la preciosura de ribetes gospel "Sign on the window" que es donde, por no ser unos putos pirómanos enfermos y tal, se libran los del bosque del párrafo anterior de no morir calcinados en un incendio (pelos de corral gallinero entero por siempre con ésta barbaridad).  "One more weekend" es el bluesero puente a la línea del cielo de Nashville... Dejémoslo, para resumir, en que si saliera en  "sweetheart rodeo" hubiera colado de posible single sin demasiados problemas. "The man in me" es la canción que abre "El Gran Lebowski" (que ya con eso se sobra para ser intocable aún a pesar de lo de puta madre que és por si misma y propio derecho)... Otra para misa y punto. "Three angels" es un speech con parada y aderezo soulero que, efectivamente y se mire por donde se quiera mirar, te hace alzar la vista buscando ángeles dejando espacio, solo y ya finalmente, para la despedida con la brevísima "Father of night" donde queda (nuevamente) clara la ascendencia soular de muy buena parte del disco y se cierran persianas del todo.


Resumiendo: "Freewheelin'", "Bring", Blonde", "Highway", "BOTT", "Desire"... Lo que se quiera y más con este sinpar, y persisto en la mayúscula, Genio. Pero, por favor, no se mueva nunca a segunda fila por nadie , y aún sin salir del olimpo, a  ésta maravillosa "New morning" pues ese es también -y como mínimo, atención- su lugar para una serie de pájaros como humilde pero honesto (al menos con esto, vaya) servidor de uds. Y otra ronda de lo mismo para el también celestial "Street legal", faltaría.

lunes, 9 de noviembre de 2015

THE BEVIS FROND - "Triptych" (1988)

The Bevis Frond es, claramente, una de las formaciones más infravaloradas de cualquier tiempo en esto del rock que pueda mentar servidor de uds. Desde la mayor de las humildades y tal pero, según lo entiendo, de forma más que rotunda. Vehículo, más y antes que cualquier otra consideración, para el talento del sensacional músico Nick Saloman, con sus prácticamente tres décadas de singladura y su colección de discazos a atesorar/considerar muy seriamente, es uno de esos extraños casos de tiempo y lugar "equivocados" que llenan de incontables asteriscos aquello que se viene a considerar "la carrera homologada/aceptada del medio". 

Agarremos al bicho por donde podamos y, dejándonos de parihuelas, la razón principal es, siempre a la postre, que Nick es british de nacimiento... Y suena más yanqui que el 4 de julio con las gargaras de Tom Sawyer de fondo. Su sonido le/s emplaza más a cosas como Dinosaur Jr, Replacements, Mudhoney  o los Rem ochenteros más combativos, que no a lo que se estilaba en las islands en aquellos 80's que le/s vieron nacer y, por supuesto, ya absolutamente nada con el revoltillo aquel de la "british invasion sesentera de hacendado" del brit-90's que tanto medró en su momento (y a pesar del obvio fogueo imperante en la munición empleada... que los medios, ya se sabe, si). De verdad que, aunque cuando le da por "folklorear" se le nota -ahí si- la denominación de origen en algunas ocasiones, Saloman es más Mascis o Mould que no Morrissey (que soy bastante de los Smiths, pero es lo que hay) o cualquiera de sus bandas favoritas de pop inglés noventero...  Todo ello, y menos prosas, toma forma y cuerpo al acercarse ni que sea de lejos a este disco de hoy, "Tritych" (1988), que es amén de una maravilla, un compendio de formas y posibilidades que funciona fetén a modo muestrario del combo/músico.



Cojamos ya de base su sexteto inicial, primer tercio, de disco... Un vaciarse de eléctrica a lo "mini-maggot brain" para el tema de arranque; un breve intermedio de pocos segundos para descongestionar (con lo que parece un niño jugando con su primera batería de feber); un trallazo imparable ("Lights are changing") que deja atados a los Jayhawks más eléctricos en el jardín de Mellencamp; vibrante y cojonudo noise garagero de manual y dejes blueseros para seguir (muy stoogie ello, oigan); otro intermedio con órgano de fondo y batería incesante que parece un pasaje de alguna obra del maestro Wyatt; y, finalmente, un temazo power-popero más bonito que el puñetero sol (la madre que lo parió !). Desde ahí los patrones se repiten a sus anchas durante la docena de temas restantes, nutriendo de detalles incontables y hasta el fin para flipamiento y solaz general de todos... Desde la guitarra que mece "Hurt goes on", la visita a Richard Thompson en "Corinthian", el desfase de "Nowhere fast" (que es puro Wayne Kramer), el peaje "youngero" en "Time to change" que no falte, o la invencible "You got to unwind" que despide por lo alto el folletín... Elijan sus favoritas (en resumen -hasta tienen una pedazo suite prog de 20' por ahí en medio, si gustan-) que, se lo aseguro, irán cambiando de día en día. A modo broche, y de ser necesario, descubran o den más pábulo al Rey Saloman empezando ayer. Es bueno para el alma y/o, de verdad que se lo digo, puede les sorprenda quedándose con uds más tiempo del que quizá puedan sospechar... Mucho más, en verdad.


CICLO Mr. ALLEN: 20. "SOMBRAS Y NIEBLA" (1991)

INTRO. Tan extensa es la obra de Allen que no falla nunca, y cosa que se multiplica en función del grado de admiración y conocimiento de su singladura, el hecho de que todo dios tiene algunas referencias que, aunque no sean comúnmente mencionadas en los recurrentes listados de favoritísimas de turno del artista, si se las apañan para guardar un puesto de honor entre las querencias personales de quien toque... En mi caso, lo explique esto ya en alguna ocasión, son tres: "Recuerdos", "Días de radio" y, finalmente, la que hoy nos ocupa. Y, en algunos aspectos por lo menos, la más difícil de "defender" del lote, se admite. Su grandeza es menos evidente de primeras y tanto baile y figureo de secundario famoso en el cast puede despistar por apuntar un algo a la falta de concreción ("Recuerdos" -mi favorita junto a "Manhattan" del realizador-  nos permite ponernos el monóculo y beber te con el meñique extendido en los debates de sobremesa con su acercamiento parabólico bergman-felliniano por montera y la otra... bueno es entrañable toda ella, amén de tremendamente divertida, y a qué más). Hay que acercarse más de una vez a estas "sombras" para adivinar el tremendo ejercicio de homenaje por parte de Woody aquí y, a la vez, pasar un poco de tanto actor y actriz de paso (redundancias me excusen) por el tinglado en cuestión. Sí, tiremos del tópico... El abrazo al expresionismo y post-expresionismo germano esta ahí y desde luego (ya desde el cartel promocional que retrotrae al famoso Vampiro de Lang de los primeros 30's) pero, al tanto: esta parte de la ciudad (pseudomedieval según cómo), y más allá de las expresionistas sombras en las paredes y los ángulos puntiagudos, ¿no parece acercarnos un poco a los monstruitos de la Warner de la misma época?; ¿el paso de puntillas al fenómeno circa en general, y a la excepcional "La ronda" de Ophüls  más particularmente, no tiene su enjundia?... Ojo, reitero, no se desprecie ni olvide nunca la condición de historiador, lo mismo que fan y por qué no, de Allen para con su medio. Recordemos: "Yo no aprendí cine en ninguna escuela o academia. Lo aprendí yendo a ver películas". Y puede que, en efecto, ya hubiera firmado su top-5 (o hasta top-10 para algunos, qué duda cabe) a esas alturas pero, joder, aún le quedaban al Sr. Königsberg algunos acojonantes trucos en la manga y, para mi (que tampoco estoy solo con esto, al tanto), "Sombras y niebla" es uno de los más rotundamente atrayentes y más veces re-visitado.



SINOPSIS "PRESTADA". Un estrangulador está sembrando el terror en una ciudad sumida en una espesa niebla. Al insignificante Kleinman lo llaman para que participe en la captura del criminal. Sin embargo, su función dentro de la operación policial no termina de estar clara. Sus temerosos pasos por las calles desiertas se cruzarán con los de una tragasables de circo que acaba de abandonar a su hombre, uno de los payasos.


A FAVOR. Estéticamente, y siempre desde lo evidentemente subjetivo, uno de los films más agradecidos de Allen (lo cual no es ninguna tontería, ojo ahí). Con su tan funcional como resultona historia para cuajar el guiso, se nos presenta un film falsamente coral (empieza como tal pero, llegado cierto punto, los roles de Mia Farrow y -sobretodo- el protagonista, encarnado por el propio realizador, se hacen amos de la fiesta de manera evidente) perfectamente medido en ritmo y forma. Y siendo esto segundo, se insiste, lo más memorable para mi desde un largometraje ya de por si claramente reivindicable (volvamos a la "intro" de ser menester). Además, qué narices, que dejando de lado (que ya es dejar) la tan perfectamente aquí engastada música de Kurt Weill o, incluso (para los que no pierdan el oremus por lo esteta), la maravillosa fotografía b/n de Carlo Di Palma, nos enfrentamos al fin a una película realmente divertida en muy apreciable número de momentos. "Deliciosa" que se dice y según lo entiende uno.

EN CONTRA. Pues bien poco la verdad. Y tan subjetivo en cualquier caso. Particularmente me parece tan divertida/atrayente la singladura del rol del propio Allen, con su huida a ninguna parte, que el resto -llegado cierto punto- hasta estorba un algo. Quizá, sencillamente, es que este  Kleinman es demasiado buen protagonista y menos rollo... Imaginen que están viendo "M" y de repente sueltan a Groucho Marx por ahí en medio...

CONCLUSIÓN. Divertido, o cuanto menos muy entretenido, film donde Allen hace de Allen sin miramiento ni pesar alguno, mientras homenajea con entrañable rigor uno de los movimientos más ricos  e influyentes de esto del celuloide (como fuera el expresionismo germano). Otros conceptos como lo de "el film kafkiano de Woody Allen",  o considerar demasiado las (correctas) aportaciones del tan famoso -en su mayoría- resto del elenco prefiero dejarlo para otro momento... Siempre he pensado que muchos críticos (de lo que sea) tienen una serie de palabros con los que se ponen cachondos y se tocan por poder usar... siendo "kafkiano"  un top-10 inamovible en ello, está claro. Y, por otro lado, los conocidos intérpretes, más allá de la Farrow (en ésta, su penultima película con su ex), tienen un metraje tan medido que ninguno llega a lo que se dice "brillar con luz propia"... Y eso que, por salir, hasta sale una debilidad personal como el gran Sr. Malkovich. Resumiendo: hora y media de puro Woody desatado con el embalaje que los Murnau, Lang, Viene, Pabst y cia eternizaran en su momento como magnético telón de fondo. Irresistible ello. Por lo menos para quien suscribe.

GUZZTÓMETRO: 9/10

jueves, 6 de agosto de 2015

EL GRAN HOTEL BUDAPEST (2014)

INTRO. Creo haber comentado aquí, hace ya su buen tiempo eso sí, que Wes Anderson es mi "niño mimado" de los realizadores de su -ya no tan reciente- generación... Y entendamos por "generación" esa batería de realizadores anglosajones que más o menos destacaron en los mismos años y cuya edad debe oscilar entre los cuarenta y tantos y cincuenta y pico. Esto és: los Alexander Payne, Paul Thomas Anderson, Spike Jonze, Sam Mendes y demás agentes de similar pelaje. Wes, continuo, es mi elegido por "sencillamente" haberse procurado un estilo propio que, siempre para mi, le hace brillar con especial fulgor en el cesto. Que se puede congeniar o no, claro, pero que sabes con certeza (por tono, construcción de personajes, músicas y detalles visuales mil) que estás viendo un film de este señor aunque entres a la media hora del mismo, va a misa y más allá. Esa especie de comedia, o pseudo-comedia si se prefiere, nostálgica con todos los elementos físicos que integra, la bandas sonoras tan afiladas y acertadas (y sean originales o prestadas), etc. le hacen caballo ganador. Tal cual. Y, hoy, tras un par de décadas de carrera tenemos además la evidencia, ya más allá de cualquier debate, de que lo de este hombre no es flor de un día ni casualidad, cristalino ello. Es más, hasta tenemos un biorritmo claro de su singladura hasta hoy: un film de estreno correcto pero simpático y poco más; dos pelis empapadas de encanto, insaltables, y  que son su cima de estilo; otro par donde lo esteta y la construcción de roles abandona con casi total impunidad la pulsión narrativa (sobretodo en Darjeeling, para mi de largo su peor referencia); y, alehop, un muy meritorio viraje de autocorrección sirviéndose, con -en efecto- fantásticos resultados, de la animación stop-motion primero, un menor pero mucho más que resultón film con niños después (el último tercio, o aprox., me desmerece del resto pero los dos restantes, de su ahora penúltimo film, son una mejora y recuperación harto evidente, tajante, del cineasta), para acabar brillando ya en puro esplendor con éste film de hoy. El mejor suyo desde 2001, con aquella "familia de genios" y con holgura. Así pues, más allá de otras comparaciones con su obra pretérita, para los que sí congeniamos abiertamente con este realizador la mejor noticia és (o fue) que con "El Gran Hotel Budapest" tenemos a Wes "de vuelta". Y con nuevas armas, ojo, que ahora al fin (con ésta y "Moonrise Kingdom") ya nos queda la certeza de que por fin ha sintetizado del todo su armazón visual para sacar a pasearlo también por exteriores como procede, sin pintar bonitos pero asépticos cuadros "gafapastiles" e integrándolo todo de pleno en la narración. Y bravo por ello pues, of course.


SINOPSIS "PRESTADA". Gustave H. (Ralph Fiennes), un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, entabla amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado al que convierte en su protegido. La historia trata sobre el robo y la recuperación de una pintura renacentista de valor incalculable y sobre la batalla que enfrenta a los miembros de una familia por una inmensa fortuna. Como telón de fondo, los levantamientos que transformaron Europa durante la primera mitad del siglo XX.

A FAVOR. Para mi todo. Todo lo que se espera que funcione (y un poquito más) y centrifugue como debe por parte de este cineasta lo hace sin fisuras en este film. Musicalmente es irreprochable, visualmente (toda ella) tiene una personalidad cojonuda donde le reconocemos desde el primer segundo, el relato es muy ágil, sin miramientos  y sin perderse en recovecos extraños, y, faltaría, la construcción de personajes resulta absolutamente inapelable... Que vuelve de nuevo aquí Wes a refugiarse en lo que mejor le ha funcionado siempre, si (excepto en los "Royal Tenenbaums", para mi su mejor y único film que goza de una "coralidad" de roles perfecta o poco menos -siendo ello, para mi, el consabido "hecho diferencial" que me la hace tener en tanta estima-)... Tres estadios claramente diferenciados: protagonistas claramente destacados, secundarios estrámboticos con poco metraje on screen pero de vital importancia en la trama y, cómo no, una retahíla de cameos y pseudocameos que parece no terminar nunca... En esto último, está claro, ni empiezo (mírense el poster promocional y a qué más); como secundarios nos sorprende mucho (o sobretodo) ese esbirro malvado de Dafoe en lo equidistante de lo macabro y los dibujos animados, una muy transformada Swinton en su rol de viejuna señorona o, por supuesto, el irascible Brody con su furibundo y faltón antagonista; lo que nos deja a la tripleta protagonista... o 2+1, si prefieren que lo de la joven actriz irlandesa Saoirse Ronan no tiene la continuidad constante del otro par (evidente). Pedazo futuro lo de la muchacha ésta, no se puede evitar pensar (una vez más), aunque la gran sorpresa nos llega, desde luego, con el jovencísimo Tony Revolori que a sus dieciocho (o menos en el rodaje del film) niquela su papel de principal asistente de un protagonista espectacularmente manejado por un Ralph Fiennes, cómo siempre, magnífico. La bis cómica conseguida por el británico en esta película puede, además, arrancar alguna sonrisa por ciertos puntos de conexión con aquel Gene Hackman de la ya más que mencionada/apuntada tercera referencia del director. Sumemos un metraje de bisturí quirúrgico, los ya esperables y encontrados subidones de comicidad y, hala, a esperar que la siguiente siga por estos derroteros. Muy bien Wes y de verdad, que no te conozco pero para mi vuelves a ser  el bastante cachondo y necesario director de la pana, las paredes empapeladas y los discos de vinilo que durante un tiempo temí haber perdido.

EN CONTRA. Del film en si nada. Solo, y como siempre con este director, que "no se le pille el rollo"... No se debe esperar de Wes Anderson films como "Fargo" o "Short cuts" (ejemplos de paradigmas del "clásico moderno" anglosajón del último cuarto de centuria). Él, por naturaleza y siempre al humilde entender de uno, es un realizador de notable alto o excelencias raspadas (sin llegar nunca al "masterpiecismo")  que nos deja intuir siempre un "modo perenne" en ello a poco se lo curre como sabe y puede... Que cuando ha salido a por "algo más" ha extraviado la brújula y se ha acabado perdiendo (y con trenes y submarinos para más señas).


CONCLUSIÓN. Divertida, entrañable, quizá algo demasiado "naif" por momentos para según que paladares (no me queda duda), pero en resumen: definitivamente infalible. Los momentos a atesorar de este film son cuantiosos y la sensación de castillo que no se tambalea en momento alguno (de ahí su superioridad manifiesta para con el film que precede -también notable pero bastante menos-) nos acaba de rematar una obra que sabe ser simpática sin perderse en modernidades cool por la curra y también bailar con lo agradablemente frívolo sin caer nunca en lo banal. Todo un mérito de Wes este "baile" aquí, creo quedó ya claro, plenamente recuperado. Solo por la "secuencia correcaminos" con los trineos la recomendaría pero, ni qué decir, hay mucho más. Toda ella en realidad y, lo dicho: "de vuelta Wes". Ahora (y así) sí. 

GUZZTÓMETRO: 8'5 / 10

viernes, 31 de julio de 2015

EL MANANTIAL DE LA DONCELLA (1960)


INTRO. "Críptico", "pedante", "gélido", "engreído", "coñazo"... La ristra de "amables" epítetos que te puedes encontrar para con la obra del célebre realizador sueco Ingmar Bergman por parte de los que, amantes del cine (sea un su vertiente tan artística como palomitera -y al nivel que se quiera de devoción-) o no, no comulgan con su obra o formas habituales suele ser como bastante exacerbada. Esto es así. Sin embargo tenía (y tiene)Bergman, quien nos dejara tal día como ayer hace ocho años, a su vez una importante suma de fans (que sí, esa es la palabra por mucho que suene tan frívola o pueril a algunos) que cuentan la historia del medio en poco menos que a) Bergman y b) Lo otro...  Como siempre, o es mi opinión mayormente, la respuesta creo se debe encontrar en el justo equilibrio (o lo más parecido posible, al menos). Por un lado hablamos de uno de los grandes realizadores de la historia del cine, tal cual y  en definitiva: suele ser común verle en todo lo alto de las listitas de las narices entre los Bresson, Tarkovski, Ozu y demás, lo mismo que entre los Hitchcock, Ford, Welles, etc... y esa afinidad entre los amantes del cine de autor más militante y añejo y la de los que atesoran la historia del medio sin desmerecer por desmerecer de forma gratuita, habla por si misma. Pero ojo, por el lado que quedaba pendiente, no menos cierto nos resulta a algunos que Bergman,sinceramente, alterna en su obra piezas cuya maestría universal está más allá de toda duda con auténticos peñazos que no hay cristo ni demonio que (si se és un algo de honesto) pueda soportar. Y, al tanto,  no hablo de temas de cadencia pesada o no-ritmo on screen, meramente... Muchos grandes realizadores (como nuestro protagonista de hoy) tienen obras de esa guisa que, sencillamente, juegan a otra cosa (y ya sabemos todos con que maestría lo pueden llegar a hacer a veces los hijos de su madre)... Hablamos con el sueco, en algunos determinados y contados films, de silencios eternos, abusivos, en plano y contraplano sin más con actores completamente inexpresivos (no son, por ejemplo, los planos medios o generales estáticos de Passolini o el mentado Tarkovski -por poner uno de cada: uno que me gusta menos que Ingmar y otro que me gusta algo más que el ínclito- en pos de la obra que debe "sentirse" antes que "verse", porque son así de chulos y su abuela es que no existe). Con todo, finalmente y tras tan gratuita opinión personal y todo lo que se quiera, llega el agachar inefablemente la cabeza aquí llegados, faltaría... Pues más allá de sellos y fresas, tiene Bergman referencias maestras  que nunca caerán en el olvido: "La hora del lobo" (para mi su gran "tapada", sin olvidar de quien tratamos -lógico ello-), "Gritos y susurros" (su oda definitiva a la muerte y lo que ella acelera en las relaciones humanas) o -en efecto- "Fanny y Alexander" (que tras su pelín abusivo metraje esconde una de las atmosferas familiares más opresivas nunca vistas en pantalla)... Y, no lo dudo, algunos otros films que sin duda me quedan aún por descubrir  del genio (lo que es una suerte, al menos a priori). Dicho todo ello solo confesar que, eso sí, hoy toca mi predilecta (y por goleada -a no ser que alguna de las "pendientes" logre el inesperado milagro de moverla de ahí-) de tan reputado artista y, se lo prometo, una de las películas más desgarradas e hipnóticas que pueda recordar. Intocable para siempre y sin más "el manantial de Bergman" pues, a pesar de que alguien se despiste con parte de todo lo que precede, su gran baza final fue y es al fin que cuando le salía realmente "bien" este señor no hacía solo una "buena película" sin más, no... Dejaba una página reseñada para siempre en "la historia cinera". Directamente... Y otro día, si me atrevo, ya escribiré sobre "Persona" (ojo ahí) pues, tras dos visualizaciones, todavía no lo tengo claro, la verdad (es visualmente poderosa, con alguna interpretación tremenda y en ambas ocasiones la he visto del tirón sin aburrirme pero -y por mucho premio y reconocimiento medie-... ¿tanto simbolismo por montera es algo magistral solo para "nivel elegidos" o, por contra, una sobrecargada paja mental sin más y por bonito sea el envoltorio?... Mi impresión actual, ya puestos, es la de algo evidentemente notable por calidad intrínseca pero, a la vez, también algo bastante alejado de la rotunda "masterpiece" donde tan comúnmente se ubica).


SINOPSIS "PRESTADA". Suecia, siglo XIV. Como cada verano, una doncella debe hacer la ofrenda de las velas en el altar de la Virgen. El rey Töre envía a su hija Karin en compañía de Ingrid, una muchacha que odia a Karin en secreto. Antes de cruzar el bosque, Ingrid se detiene y abandona a la princesa, pero la muchacha prosigue su camino y se encuentra con unos pastores, aparentemente afables, que la invitan a compartir su comida

A FAVOR. No me pienso poner a buscar el motivo por el cual cambia Bergman de director de fotografía tras "El ojo del diablo" (una de las muchas pendientes que tengo del realizador) y tras tanto tiempo depositando su confianza en el muy honorable Gunnar Fischer, pero lo cierto es que su "heredero", Sven Nykvist, logra confeccionar un trabajo aquí que es como para morirse apludiendo. Quizá fuera, que yo qué sé si quieren (ok, se admite sin problemas), por la búsqueda de una mayor crudeza en demérito de lo más alegórico de algunas referencias anteriores. Planos muy cortos, mayormente en exteriores (hasta se intuye alguna influencia "rashomonica" por ahí en medio), y un mayor dinamismo en la segunda mitad del film que dan relevo a los "cuadros silvestres" que encontraremos en la primera. Sin embargo, lo enorme de esta imperecedera -y sí rotunda- "masterpiece" es lo increíble y  acojonantemente enorme, que van de la mano y sin soltar la cuerda, de todos los factores que integran la obra. Bergman va con todo en resumen (además de la composición visual apuntada): la banda sonora de su infalible Erik Nordgren, un elenco actoral sin mácula con -cómo no- el gran Max Von Sydow al frente, una recreación de un cuento clásico perfectamente transformado del que se sirve, las simbologías de la religión y la muerte (con todas las derivaciones a integrar) que no falten, un metraje ajustado de narices y, entre bastantes otras cosas, un sentido de la épica que sabe fundir la apología y lo mundano en medida plena... Es, sin duda y además, "El manantial de la doncella" una obra de ruptura con lo preconcebido que nos cambia la candidez de lo infantil por lo cruel y desgarrado de la realidad de la condición humana con una impunidad casi inencontrable en esto del cine (o por lo menos el cine occidental -aún "de autor"-). Se puede resumir todo, por qué no y por supuesto ya que en definitiva conviene recordar cuantas veces se precise que estamos ante un cuento clásico, en un algoritmo de inocencia-ataque-venganza (a lo "Death wish" de Bronson en modo pseudo-artúrico) bajo el recurrente o acostumbrado cielo metafísico del cineasta firmante... No hay problema, que nada se empaña con ello pero, claro... Celos, iras, traiciones, injusticia y demás en tropel y sin pausa. La versión hollywoodiense de Disney, en riguroso pretérito para no tener que mostrarlo, hubiera sido "aquí murió hace años una niña y de donde yació brotó un manantial precioso que nos purgara por siempre de todo mal y sobre el cual se construyó un precioso castillo (etc)"... Nada más lejos de la intención del cabronazo de Ingmar que no nos ahorra ni la ejecución del infante empotrado contra los estantes (en un momento de pura sed de sangre desatada para mi casi tan burro como el famoso ataque a la joven), recreándose no solo en la violación sino, sin problema que valga, en la ejecución de los asesinos, la agonía materna, la culpa irrefrenable de la amiga/cortesana, la cólera del vengativo padre ... y lo de la lengua del niño tiene sus cojones también... todo, y a qué más. En fin, que mejor nos quedamos este tan cruel como inolvidable "cuento de hadas" para nosotros, que nuestros descendientes ya se lo mirarán si quieren... "Mästerlig", que es "magistral" en sueco que lo he buscado en la interné, sino más y fin. 

EN CONTRA. Nada. Solo quizá que no falte quien haga una muy reduccionista lectura del todo aquí alcanzado para quedarse únicamente con la ya legendaria y agónica secuencia de la violación... Hay tanto (pero TANTO) más aquí que el ponerse a enumerarlo es envejecer demasiado y de gratis.


CONCLUSIÓN. Se hace extraño recomendar a ciegas un largometraje tan sumamente crudo y desolador como éste pero, como leí en una ocasión sobre el elepé "Horses" de Patti Smith, se alza como algo definitivamente necesario pues, en resumen: "es también precioso y purga el alma". Ah, y que no se me pase, rematar con que si éste es, en efecto, el film "más accesible de Bergman"  pues nada... Viva, y mucho, la accesibilidad. Y la madre que la parió incluso. Hora y media infranqueable de la Historia toda ella de esto del celuloide y, ahora ya sí del todo, fin. 

GUZZTÓMETRO : 10 / 10

sábado, 23 de mayo de 2015

GRAHAM, RUMORES Y PEGAMENTOS

De verdad que la intención es volver a dar mayor presencia a la otra vertiente del espacio, la "cinera", pero esto es algo de lo que realmente necesitaba dejar constancia... Tal es la consternación, la contrariedad y agrio sinsabor que me deja el último disco del Graham Parker y sus -parece- ya definitivamente recuperados Rumour. Muy jodido que me ha dejado, -ya adelanto-, pero por partes mejor...


Recuerdo bien cuando a mediados de la pasada década el King Nikochan, buen sabedor de mi querencia y devoción por el rock de la segunda mitad setentera y primer lustro ochentero, me venía con lo de "de verdad que tienes que escuchar a este tío"... El nombre no me era desconocido, por mi filiación "costellera" casi patológica y por pertenecer el artista a ese periplo indicado, lo había "encontrado" en artículos y biografías varias, pero por la razón que fuere no me había detenido aún en su música (no tengo perdón, claro... o sí, qué cojones, que solo tengo una vida y lo de la omnisciencia nunca lo he acabado de controlar del todo). La cuestión es que el marciano vecino me pasó muy generosamente un par de discos de su etapa inicial... El estreno, "Howlin' wind", que es canelón fino y, claro, "Squeezing out sparks"... Disco éste que, directamente, hay que escuchar de pie y, en verdad y al humilde parecer propio, una masterpiece de tres pares de esto del rocanrol... A partir de ahí y hasta hoy, recuperar la carrera de Graham ha sido un guzztazo de otros tantos pares y más, qué duda cabe. Así pues, ya casi en present time, celebré y disfruté como una enano de ese "Imaginary television" de hace un lustro (no era "squeezing", obvio, pero me acompañó mucho, muy bien y durante muchas semanas) así como, y aunque algo menos siendo honesto, el anterior a su flamante estreno en el que se reencontraba con su legendaria banda de acompañamiento ("Three chords good", 2012)... Y ahora, este mes, ha caido al fin su continuación con esto del "Mystery glue". Disco que, volvemos al principio de entrada y me repito, me ha dejado una muy desgarrada y marcada sensación de pesadumbre, de machaque anímico importante, tras algo más de una semana de compulsivas escuchas.


"Mystery glue" es un drama de la hostia, para resumir. Una trampa fatal e hijoputesca a más no poder para almas y espíritus (sensibles o no). Y la razón es, finalmente, clara y transparente como ella sola la muy puta... Es una maravilla de principio a fin. Un trabajo de otro y para cualquier tiempo que (me) relativiza de una sentada todo lo que he escuchado, y seguramente sobredimensionado,  en los bastantes últimos tiempos. Es soulero que nos morimos, tiene vitalista arrojo newaver (del bueno y añejo, del de Lowe y cia) en cada poro y las canciones... Joder con las canciones. Y cómo las canta (elegante cuando toca, colega cuando quiere)... No es un disco que meramente "mole" (aunque obviamente lo haga), no es solo "arruga bella" (65 palos que nos cumple Graham en unos meses), o un correcto reflotar glorias pasadas por un día... El/los canallas se ha/n marcado una "masterpiece" de la hostia reconsagrada. Tal cual. Un batiburrillo donde Dylan y Newman conviven con los grandes nombres de aquella movida que propulsaron el ya mentado Lowe y Edmunds hace ya tanto a costa de las formas más primigenias y reconocibles de esto del rocanrol... Un trabajo que, al fin y de una puta vez, me recuerda (cual barco pirata al final de Peter Pan) que lo difícil, lo difícil de verdad, es hacer grandes canciones y dejarse de leches... Sin armazones innecesarios generados en estudio, sin aupamientos externos gratuitos, sin que la palabra "tendencia" aparezca en ninguna esquina de la foto...  Es lo que ocurre, lo que debe ocurrir siempre con los grandes discos si en verdad lo son y algo que nunca falla (que es más viejo que la sopa ello). Lo que ocurre con "Squeezing" y lo que cada vez tengo más claro que ocurre/ocurrirá con "Mystery glue"... Sí, así de burra es la cosa. De entre los discos de la última década solo "The eternal" de Sonic Youth, y en un registro evidentemente tan distinto, me había dejado una sensación tan rápida y palpable de estar ante algo que, no me cabe duda, merecerá ser muy largo tiempo venerado (aún más allá de marcadas querencias propias o de  las de quien toque)... Y, finalmente, ¿por qué tan jodida es la cosa, -volviendo sobre lo de antes-, pues?... Pues porque el puñetero Graham me ha dejado cristalino, como casi nadie había logrado en tiempo (recuerdo ahora el "Together Through Life" de Bob o esa pseudo-reencarnación de los Groovies por parte de Jordan con lo de Magic Christian), que cuando algunas generaciones de artistas vayan levantando la mano para pedir la cuenta final al inefable y cabronazo camarero que responde por "tiempo" muchos nos vamos a quedar muy, muy, solos. Y ahora ya pueden relativizar lo que les salga de lo suyo que hay barra libre: "Es lo que hay", "¿qué esperabas?", "ley de vida"... Pues vale, pero sigue jodiendo y permítanme (por ello mismo y en consecuencia) que, por esta vez, invite a zumbarse quien proceda su realismo/pragmatismo por ese lugar donde la espalda cambia de nombre sin la menor dilación... Como escribí hace bien poco en otro lugar: "Graham is no ordinary word". Magistral lo suyo Señor Parker.


jueves, 21 de mayo de 2015

CINEAÑADAS : 1960


Qué estaba de parranda... O "I've been tired", sin más,  que cantaban los Pixies y para el caso viene a resultar lo mismo. Se regresa a lo grande, eso sí al menos, con un pedazo Cineañada de las de enmarcar a doble tachuela. Y no por la pericia de uno en el postear, obviamente, sino por las puras barbaridades de improntas que nos oferta el mundillo del arte séptimo desde aquel 1960. El cine yanqui sigue mandando, como siempre, a nivel de grandes producciones mientras se prepara para la explosión pop que regirá durante la década que se estrena y, por mera lógica estadística, ofreciendo grandes referencias pero, -y muy bien por ello-,  el espectro a estas alturas se ha abierto lo indecible... Grandiosas referencias - en calidad y número- desde el cine europeo (Maestros del asunto en apogeo, es de cajón), así como un empezar ya definitivamente ese girar cuellos a otros rincones del orbe por parte de un público (no mayoritario pero ya significante), hastiado quizá de ver un tipo de cine predeterminado de manera, quizá igualmente, algo abusiva... Volviendo a la chirigota que hoy nos ocupa dejar muy claro que, cómo no, por un tema de indisimulable majadería  por parte de quien suscribe, que en cierto momento decidió dejar este tipo de entrada en un recurrente Top-10 (para no eternizar y tratar, aún contra natura, de ser lo más sintético posible), se pierde ese destacar como procede una serie de títulos indispensables (o cuanto menos interesantes o/y renombrados) en aras de respetar la decena apuntada... En fin, agarrarse un@ a donde se pueda al repasar las brutalidades que me han quedado fuera (o ante portes -y así a bote pronto, sin excavar en exceso-) para el listado de 1960:  "La dolce vita" (Fellini), "Cimarron" (A. Mann), "Espartaco" (Kubrick), "Una mujer marcada" (D. Mann), "Otoño tardío" (Ozu), "Tres vidas errantes " (Zinnemann), "La aventura" (Antonioni), "El esqueleto de la señora Morales" (R.A. González), "Nunca en domingo" (Dassin), "La joven" (Buñuel)... Y todo eso, se insiste en lo del "bote pronto", sin contar con el apartado "descuidos flagrantes" (que ni pensar quiero ahora en lo que ha podido quedar ahí). 

10. "Éxodo" (Preminger). La pega evidente de este film reside, y desgraciadamente pinta que cada vez residirá más, en ese imprescindible trabajo mental y previo, por parte del espectador, consistente en evitar valoraciones histórico-políticas a fin de disfrutar de la intachable factura que el maestro Preminger genera durante las tres horas y media de metraje. De lo contrario, y a pesar de que el director de "Laura" suavizará cargas políticas desde el guión (de Dalton Trumbo) basado en novela ajena, conceptos como "propaganda" o "panfleto" pueden despistar a más de uno... Soberbios Newman (a pesar de alguna arengada de más y a calzador que le hacen decir) y Lee J. Cobb (que está de lujo hasta en los anuncios de sopicaldos), algo insulsa la Marie Saint (como siempre, para mi) y muy bien el resto de secundarios con Lawford al frente... Aunque, es de recibo admitirse, quizá quede todo eclipsado por el papelón de Sal Mineo, una banda sonora de las de caerse y el hecho de que Preminger insistiera la de dios para que Trumbo (el Elvis de los blacklisted de McCarthy) guionizara el folletín... Cuenta la leyenda que ello animó a Douglas para hacer la misma jugada con su "Espartaco" e incluso se puede leer, en más de un lugar, que és aquí  donde se debe ubicar el auténtico principio del fin para la infame Caza de Brujas de marras.

09. "La evasión" (Becker). Creo poder afirmar sin margen de error que somos un ingente considerable los que sentimos cierto tirón por lo que, de forma algo prosaica quizá, denominamos "pelis de fuga"... Bien, pues sin duda igualmente, estamos con el film de Jacques Becker (como también ocurre con "Un condenado a muerte se ha escapado" de Bresson y de unos pocos años antes) ante un podio olímpico seguro del asunto tras una centuria de buen, regular y mal cine. Tal cual. Adusto, -casi incompasivo-, y firme modo narrativo en creciente continuo con traiciones y tensiones de por medio (sin descuidar su tono pseudo-documental que trasciende al trabajo actoral -prácticamente amateur hasta este momento en buena medida-) hasta su enmarcable -magistral y desgarradora- resolución... Se puede rematar el tema, además, con aquello de que (oh) esta basada la historia en un hecho real pero, en cualquier caso, mejor les remito al muy reciente texto que el amigo de la casa Gonzalo Aróstegui realizara en su Ragged Glory, a modo inmejorable broche y donde tenemos muy nutritivamente desbrozadas las virtudes de un film que ningún amante del medio, en su juicio sano, debiera saltarse alegremente. Para verse con el traje/vestido de los domingos de puro cojonuda, vaya.

08. "Tirad sobre el pianista" (Truffaut). Por muchos -magistrales y dramáticos- "golpes" que dejara a modo impronta el reputado cineasta (y fan/erudito del cine a la par) francés, lo cierto es que es un artista al que siempre valoro con cierto plus de empatía (por así llamarlo) por la mera razón de haber realizado uno de los arranques de film que más me gustan de siempre para su inolvidable "noche americana". En verdad siempre pienso que ese asociar Truffaut sistemáticamente al drama ningunea varios puntos la pericia y diversidad del autor... Para el caso éste, su segundo (y, para mi, infravalorado -así en general-) largometraje. Sea por un tema de hipersutilidad o exceso de mimetismo se pierde quizá, o en parte al menos, esa especie de sátira del noir clásico yanqui que se propone y se logra (si se interpreta como "cine negro" sin más nos perdemos el significante real de la obra, amén de quedar el todo resultante en algo más "ligero" o "correcto sin más"). La onda expansiva del eternamente reverenciado estreno que precede en el opus del realizador parece haber condenado para siempre a ésta, su brillante y plausiblemente distinta, continuación a una relatividad que, para quien suscribe humildemente y tal, ni es justa ni procede. Menos de hora y media de festival donde se intercambian géneros con una facilidad que acongoja (y acojona) y donde, cómo no, parece que nada pase cuando no paran de pasar cosas. Muchos applaudissements al auteur, desde luego.  

07. "El fuego y la palabra" (Brooks). O cuando Richard Brooks le regala a Lancaster el papel dramático de su vida (sí, para mi por encima incluso de las emblemáticas composiciones que el ex-circense artista bordara en "El gatopardo" o "El hombre de Alcatraz", entre algunas otras selectas). Y aunque Arthur Kennedy y Shirley Jones realizan roles secundarios de enjundia, está claro que la respuesta que el protagonista encuentra en la siempre perfecta Jean Simmons (aún con hábito a la "angel face" no me la toca ni el Tano) no hay cuartos para pagarla. Tremendo varapalo a la fe (de cualquier índole al extrapolar) que queda aquí retratada y vulgarizada con atinada mala uva... Sea quizá por ese coincidir en el fondo con lo dispuesto (de siempre que, por ejemplo, lo del rebaño y el pastor me parece ya el mearse en la cara de la gente, pero eso aquí no toca, perdón) y el arrojo -y auténtica y cochambrosa humanidad, si se analiza- del rol de  Burt que se sabe subrayar por esa subtrama negroide del farsante que debe descubrirse -muy bien Kennedy, se insiste, que fue bastante más que el colega de juergas de Marlon y Monty- el cocido final me parece una siempre apetecible revisión sin espacio a fechas de caducación que valgan. Lo de traducir "Elmer Gantry" de esta forma en nuestras latitudes queda para el interminable coleccionable a colación de este tipo de "prácticas", claro.

06. "Al final de la escapada" (Godard). No es mala manera de estrenarse en esto de los largometrajes pensaría el inquieto realizador cuando Truffaut (de nuevo él) le prestó esta historia de pasados turbios que vuelven para pedir la cuenta... Eso sí, el "cómo" ya es/fue cosa suya. Odiada e idolatrada hasta el paroxismo, tiene esta película fieles que se perderán forever en esas "rupturas de raccord", esas cuartas paredes pateadas sin previo aviso y, en resumen, sus mil y un trucos visuales-narrativos (de la misma forma, atención, no hay quien se corta un pelo a la hora de hablar de "pedantería visual" o "chapuza sin sentido", o/y similares). En cualquier caso, creo que su posición en este listado de hoy deja claro donde, a su vez, se y la posiciona quien suscribe. Y es que más allá que a la Seberg és para quedársela mirando hasta el fin (y no solo porser guapa hasta el berreo, conviene aclarar) y que Belmondo confecciona su cachondo-canalla-bon vivant como una sátira imposible de ese Bogart al que idolatra en el film, el tema regala una frescura y descaro difícil de olvidar (siempre para quien congenie, si). Buena soundtrack de giros jazzísticos (recurso muy usado por "los vecinos de arriba" en aquellos años) y una Paris fotografiada de postal para remachar, ojo ahí, y ya tenemos el asunto perfilado para ser finalmente lanzado a la posteridad en uno de esos debates (Godard y su arte -íntegro y/o por partes-) sobre el que más se ha leído y escuchado en esto del séptimo arte. Véanla/recupérenla sin prejuicios.

05. "Los canallas duermen en paz" (Kurosawa). A ver... Este hombre era Dios y punto (a este sí que hay que tenerle auténtica y eterna "fe", de gustar esto de los celuloides y demás, al menos). No sé cuantas veces he escrito en este modesto espacio que cualquier comparación entre Kurosawa y quien sea a la hora de plasmar exteriores en imágenes no se sostiene. Sin más. Sin embargo, alejado de la exaltación y épica de katanas y samurais en gran angular mode, el genio se marca aquí su particular revisión del mundo urbano contemporáneo y sus miserias. No es una excepción total ello, está claro (que tiene el hacedor de "Rashomon" bastantes otros films alejados de los códigos y maneras medievales), pero como logra hacer flotar aquí, de la misma forma, los instintos y escorias más arrelados a la condición humana y en un contexto tan distinto no es algo que parezca estar al alcance de muchos... El inicio del film es videoteca pura y la trama que se va enredando hasta su insospechada conclusión no exenta de romanticismo (que con sables o sin la venganza soterrada siempre tiene su punto, claro) es la enésima composición maestra de un señor que hizo historia del medio que eligió como bien pocos... Y qué raro el gran Mifune con corbata, eso sí (pero qué intérprete iguamente, la madre que lo parió y faltaría).

04. "Rocco y sus hermanos" (Visconti). CINE, mayúsculo y en la fuente más gigante que puedan encontrar. La madre de todos los melodramas que dejara aquí impreso en mármol Don Luchino. Una familia que huye unida del ámbito rural para ser progresiva y fatalmente destruida sin miramientos por esa urbe que, en principio, debió haberles protegido o, cuanto menos, permitir una mayor facilidad de subsistencia que, obvio, jamás llegará...Y claro que no cometeré la herejía de obviar la inmortal partitura de Rota, estaríamos buenos. La mala vida en los bajos fondos, el boxeo, las mafias domésticas, la prostitución, la imposibilidad de atisbar un mínimo y cierto futuro... La desgracia, en síntesis, se adueña de las vidas de los personajes. Así por la (hasta estúpida) bondad desmedida del propio Rocco,  la incapacidad congénita de otro o la brutalidad y falta de luces del de más allá (y con el resto de "alegres" roles secundarios en danza), el tema adquiere, finalmente, un tono afín al de un enorme castillo de naipes que vemos caer, sin remisión posible, en sangrante (pero hipnótico) slow time. Aplauso a todo el cast, por más o menos famoso sea, por cierto (y con sobreactuaciones -"que haberlas las haylas"-incluidas, qué cojones), casi tan fuerte como esa retranca final y maestra del gran Visconti dejando una brizna de esperanza en la figura de ese hermano pequeño que quiere regresar al punto de partida... Si analizamos en conjunto, y en efecto, el concepto "toque maestro" se inventó para detalles de este tipo. 

03. "El manantial de la doncella" (Bergman). Mi film predilecto de este realizador que, como Kafka o Platón, lograra hacer de su apellido admitido adjetivo doméstico. Todo un qué, desde luego, a tenor de sellos, fresas y toda la -generosa- colección de reivindicables, más o menos evidentes, que el más erudito quiera o pueda aquí recordar. A Bergman se le puede recurrentemente acusar de hacer abuso de la tragedia adherida al ser humano y sus circunstancias, así como de esa necesidad de querer (frecuentemente) trascender ya desde los mismos títulos de crédito...Y todo son impresiones más o menos respetables, claro. Pero, según lo entiende uno, és al separar forma y estilo de este ente creador, único me atrevería a decir (y que sin duda és, nadie se engañe en solitarios), cuando vemos su arte brillar como debe y procede. Eso, sea por las limitaciones intelectualoides de servidor, porque hoy es jueves o vaya usted a saber, me hace tan estimable este pedazo de largometraje. La historia , suerte de desgarrado cuento medieval con crímenes y castigos de por medio que riánse ustedes de lo del señor ruso aquel (bueno -corrijo-, no lo hagan, pero nos entendemos), está perfectamente clara y perfilada. Desde ahí, ver como el realizador construye su lectura propia, ver crecer sus matices y detalles, da claro (con bien poco  parangón en su obra) testigo de lo que és, o debiera ser, un "autor" digno de figurar en la historia como tal. Visualmente preciosa, sin olvidarse de respetar el cuento/cantar  clásico que és, con alguna secuencia de esas que se quedan con uno ya para siempre y, obviamente, una maestría de puro evidente que sabe jugar (de forma ex profesa) con la austeridad de medios, puede que estemos (no sin cierta prudencia al afirmar tal cosa) ante el Bergman más "accesible" de siempre... Y maldita lo que me importa. Ah, y tampoco busquen casas de enanitos en ese bosque, claro ... Y el encontronazo entre Odín y Dios qué poco que importa al final en realidad (que se acaba en el mismo y vengativo lugar)... No, si al final va a ser un genio de verdad y todo este señor...

02. "El apartamento" (Wilder). -ver reseña de la casa, o no, aquí-. Siempre que pienso en comedias clásicas ("Las Comedias") hay tres títulos que me vienen a la cabeza: "Una noche en la ópera", "Ser o no ser" y "Con faldas y a lo loco"... E, igualmente claro, siempre me viene la misma coletilla de seguidilla: por lo tocante a lo que uno reconoce como "comedias puras". Pues si sumamos otros conceptos, el trio pasa a pentalogía y, en verdad, ya a pura orgía dado que si esa "comedia pura" la convertimos en "comedia dramática/romántica" o, también, a "comedia negra" hay dos films que (me) tienen mucho que decir aquí (en lo más alto en ciernes de los gustos propios): el teléfono de Kubrick en lo segundo (mi film favorito del realizador y una rara avís genial y mal lechosa como pocas en el medio) y, por supuestísimo, "El -glorioso- apartamento" de Wilder en lo primero. De hecho, estamos ante un film único como bien pocos (con perdón por lo evidente) que, más allá de juntar drama y comedia en una proporción cuyo equilibrio queda aún por superar (pasado ya el medio siglo de singladura, ojo), auna el ser una producción de los "grandes estudios" con el respeto global de cineastas y cinéfilos desde que fuera estrenada, así como el ser una obra ligera (sin grandes ínfulas) en la superficie y lograr, a su vez, tratar con una naturalidad pasmosa la mezquindad inexcusable que tantas veces nos define... Pues qué otra cosa podemos pensar del rastrero rol de Lemmon si se analiza un mínimo... Wilder hace héroe de un tio que deja su piso de soltero a los directivos del lugar donde trabaja para que lo utilicen de picadero de "queridas" y así medrar en la empresa y lo logra (y ahí reside lo más difícil que parece lo más fácil) al hacer esperpento, caricatura, al reconocerlo como básicamente "humano" y facilitar así que empaticemos con un mindundi al que, por un u otro camino, podemos creernos sin esfuerzo que valga. Así, por supuesto tenemos el creciente viraje moral que tan creíble nos hace un intérprete de los de los dedos de la mano, la ascensorista más guapa de la historia niquelada además por una actriz soberbia (y debilidad personal a cualquier nivel), unos secundarios de lujo con el señor McMurray al frente, un guión impecable (uno de los que más, con la enormidad que ello supone) de la dupla Billy-Diamond, algunas escenas y secuencias que por si mismas son leyenda (por cómo quedaron y por cómo se hicieron) y, en resumen, cualquier cuestión que quiera abordarse con este pedazo de obra de arte. Esto es así. Aunque, en verdad y sintetizando, el principal secreto de "El apartamento" no es que sea solo una de "las mejores pelis de la historia del cine", claro, és que (repito ya por última vez) resulta tan marcadamente creíble y cercana que se nos hace entrañable sin siquiera pretenderlo. Y da igual cuántas veces se vea, que esta testado y retestado.

01. "Psicosis" (Hitchcock).  -ver reseña de la casa, o no, aquí-. Ya no sé que escribir más sobre este film... Mi predilecto de un hombre que junto a Lang, Wilder y Kurosawa completa mi póker de realizadores intocables, de mayores ídolos habidos en lo suyo... Y mira que tiene el británico films que me gustan (sino más que ningún otro por ahí ronda) pero, con todo, "Psycho" es especial... Qué se carga a la prota en el minuto 40 por el amor de dios (!!). Y pega después  el bandazo más descomunal que se puede ver adherido a argumento alguno on screen... ¿Cuántas películas han visto en que muera el único protagonista claro de esta forma, donde el realizador nos abandone a nuestra suerte de esta manera ("pero... ¿ahora qué coño va a pasar?")?, además eso... de ESTA manera... De verdad que es para visitar al hipnotista de guardia para que nos haga un reset mental que nos permita olvidar las cosas de forma selectiva y poder ver "Psicosis" por vez primera una y otra vez hasta el fin... Y disfruto horrores con ventanas, pájaros, encadenados, sombras y demás (nadie lo ponga jamás en duda), pero humildemente y para uno, la experiencia vital de ver "Psicosis" por vez primera... Buff, momento de la vida total. Mejor les remito al enlace de arriba y me aparco ya... Aunque, eso sí y ya al fin, conviene aclarar que estamos ante un film top-5 de la vida de uno (ésta, "M", "El tercer hombre", "Rashomon" y "La noche del cazador" son los cinco mejores films de la historia -esto es así y punto guzzero-)... Que la madre que lo parió a Don Alfredo, sí... y también la que parió a Norman, claro.