viernes, 18 de mayo de 2018

ABOUTADES : #3. "MARQUEE MOON"


Se admite sin problema que dedicarle a estas alturas un "about" a "mi disco" por antonomasias (solo con los permisos del directo de Miami de Cooke y la llamada londinense de los que te dije) puede resultar algo manido y tópico de narices, si... De la misma e igual forma que se admite que me importa ello más bien nada tirando a cero (estaríamos buenos). Y para allá que nos vamos.


Qué tiene en realidad éste disco, y antes de valorar otras opciones, que le hace tan especial, tan insondablemente icónico para no pocos miles de personas... ¿No será ya producto de cierta tontuna generalizada en según que foros? ¿Del puro y duro postureo? ¿Se ha convertido el estreno de Television en algo análogo (por mero principio inductor) al tipo que no se pierde una chirigota masivo-festivalera-veraniega sin sacarse la camiseta de los Division ni para ir a cagar o, por qué no, a ese teenager mameluco que se compra la samarra con el emblema stoniano -o ramonero- sencillamente porque, claro, "mola"?... Pues miren, con todo lo corrido ya bajo el puente y tal puede que sí, que en efecto así sea (si hasta lo mentaban, tampoco hace tantos años, en una canción de Amaral -que no tengo nada especialmente en contra así de gratis y más allá de su "radioformulismo" por montera, pero que, definitivamente y en resumen, no son para mi-). Pero, ojo primordial, no fue siempre precisamente así... ni mucho menos. "Marquee moon" fue durante no pocos años uno de esos trabajos fetiche (a la par que seminales del caerse) para la facción más purista, rabiosa y tocacojones de la "prensa especializada". Como los estrenos de Big Star y Dream Syndicate, el "Shake some action" de los Groovies, y demás muy contadas ambrosías a las que el rocanrol  ha acabado por hacer justicia con el pasar de los años, partiendo de un reconocimiento para nada ingente en sus respectivos momentos de ser alumbrados. Esto es así, y aunque hoy pueda resultar difícil de creer a las nuevas hordas de seguidores rockeros, aún por exigentes y reverentes con la historia del medio resulten. "La especializada", o parte significante de ella al menos, se volcó casi desde el principio con el disquito de Verlaine y cia, en cualquier caso... Y cómo no hacerlo, por otro lado.


Grabado en el 75 pero no publicado hasta dos años después, en pleno apogeo del legendario CBGB (otra de esas "camisetas recurrente-chanantes", ni qué decir), con los Ramones, Talking Heads, Patti Smith, Blondie y demás en la foto de familia, "Marquee moon" recogía sin reparo ni vergüenza alguna el legado "velvetero" y lo llevaba hasta el infinito y beyond... La manera de cantar del propio Verlaine, desesperada, rota, más propia de Bolan o del Bowie glamero que de otra cosa, origina un contrapunto insaltable, magnético, a la música tan épicamente oscura y directa que aquí encontraremos. "El vademecum definitivo para cualquier banda que pretenda hacer música de guitarras", que le leí una vez a alguno de los gerifaltes más apreciados de la prensa musical autóctona (-estoy en un 90% seguro que fue el señor Ignacio Julià, el maestro pergeñador de dicha andanada-)... Y eso es mucho decir, está claro, pero... ¿tanta exageración resulta?. En absoluto, al menos en el humilde parecer personal. Nunca he escuchado, que se lo prometo a todos, un álbum con unas guitarras que me hayan resultado tan inteligentes, tan enfermizamente sugerentes como las de este álbum. Sin ningunear, porque es imposible ello básicamente, la labor del bajo del "blondie" Fred Smith o, aún mucho menos, la batería de génesis jazzística de Billy Ficca (seguramente el último gran no-secreto de disco y banda en cuanto a su sonido-tipo más reconocible y apreciado), la labor del muy ilustre Richard Lloyd y el propio Tom Verlaine con sus guitarras entrelazadas, sus solos que parecen llevarnos de cabeza a la perdición, sus disgresiones putámicas y sin olvidar (jamás de los jamases) la limpieza, lo bien, lo arriba que suenan las notas (joder, incluso), convierten ésta luna televisiva en un tótem inmarcesible de la historia rockera toda ella y sin pero a caber. Porque no cabe, no puede caber nunca esa opción, -el olvido-, directamente.


Fuerte y evidentemente marcados por la manera de atacar las seis cuerdas de Lou Reed, esa manera donde no es el número de notas ni aún mucho menos el volumen sino, simple y llanamente, lo sentido (la intencionalidad y el hacer sangrar) de dichas notas, Verlaine y Lloyd hacen de "Marquee moon" un ícono del punk-rock lo mismo que del art-rock... Grupúsculos a los que, ni qué decir y para más cojones, no pertenecen de pleno en ninguna de las maneras. Y ya que tratamos sobre el maestro, ¿recuerdan ese final de "Coney Island", con su guitarra llorona que hiela la médula en cada una de las mil veces que la escuchamos?... Para mi ese sentimiento, esa misma búsqueda (y ejecución) es la que raja el disco que hoy nos ocupa de arriba a abajo y de lado a lado: desde la inicial y vivaracha "See no evil" hasta el melodrama postrero de "Torn curtain". 


Básicamente, "Marquee moon" es el disco que pongo cuando no se que poner, al que recurro cuando ando tan bajo de ánimos que casi ni me apetece escuchar música, el que dejo para el último (el puesto de honor) en esas tardes de oldies sin cuartel o, también, el que (definitivamente) menos me cansaré de escuchar jamás. Será quizá el tan agradecido efecto sedante que encuentro siempre en "Venus", el ya mentado tema de cierre (con su tristeza de final de verano a cuestas), o igualmente la preciosura intocable de "Guiding light" y el medio tiempo con esa guitarra a lo Ronson en Ziggy -que se merienda hasta la misma repetición del título para el chorus- en "Elevation" (y todo  ello por no hablar de la épica eterna de los diez minutos de paso del tema titular, está claro), o quizá también, cómo no, por lo emblemático de las otras tres (algo más "movidas" pero sin descantille casposo de rock-star medie en modo alguno -que todo es "contenido" en este disco-)... Puede que, desde dicho trío de bicocas, sea "See no evil", por aquello de arrancar el asunto, la más recordada de forma iterante (que de mal me parece una bosta ello, marca el perfecto tono de todo lo que vendrá sin trampas ni cartones), pero la parte final de "Friction", la "subida" guitarrera de "Prove it"... Demasiado enorme todo, demasiado disco. Sin más, Y punto.


Tiempo ya solo para agradecimientos.... Agradecimientos todos para Verlaine, Lloyd, Smith y Ficca, por meter en un mismo disco todas (o muy poco menos) aquellas cosas que más me gustan y atraen del rock desde ni me acuerdo y dejarlas encapsuladas hasta el fin de los tiempos en una misma y única flagrante obra de arte. Como las novelas de Vian o algunas pelis de Lang, "Marquee moon" me picó demasiado fuerte (puede que demasiado pronto, que yo qué sé en definitiva) y se quedó conmigo para siempre... Digo más: del incendio salgo con él o no salgo. Sí, tal cual, eso es lo que pienso mejor sintetiza lo que me significa a mi "Marquee moon", y para dar ya carpetazo al tema... Mi "guiding light" (en efecto) de esto de las guitarritas. Tal cual y fin.

miércoles, 16 de mayo de 2018

UNO, DOS, TRES (1961)

INTRO. Tercera colaboración de Wilder con I.A.L. Diamond, el que ya sería su co-guionista para siempre y hasta el final, tras las aclamadas faldas y los laureados apartamentos. Y, en efecto, estamos ya en la etapa puramente cómica del genial realizador, esa por la que tan injustamente se le recuerda en exclusiva en algunos, aunque sin duda demasiados por pocos sean, lugares. En cualquier caso, estamos para la ocasión ante la comedia más pura y netamente alocada que jamás filmara el aclamado cineasta. Comedia que, además, a muchos amantes del medio nos supone un aguantar el nivel, con solidez y acierto plenos, desde sus dos tan aclamadas predecesoras, y aún a pesar de haber quedado en la historia (al generalizar) en ese grupúsculo siempre indefinido del "muy bueno pero no de lo más  mejor"... Menuda falacia. Cristalino ello y sin debate a mediar. Encaremos, siempre con su permiso, de la siguiente forma el tema y para hacerlo lo más evidente posible:  si una de las cinco mejores comedias firmadas por Billy Wilder, y ésta lo és, no merece el mejor y más distinguido de los tratos, ¿qué cojones lo merece?. O, por lo menos, a poco se respete el género. La acidez, el cinismo, la ridiculización, la hilaridad, la denuncia y mucho -mucho- más servidos al ritmo ipso-facto que reza en título como compás de baile. No es quizá y más allá de toda duda la mejor y más inolvidable de las comedias en la historia del medio, maxime porque entonces sería la inalcanzable "Ser o no ser" de su maestro (e ídolo -y todo un qué viniendo de éste hombre que, por así decirlo, no fue nunca un dechado de humildad precisamente-), pero, sin duda, pocas veces se acercará un realizador a ello tanto como lo logró aquí Wilder.

"SINOPSIS PRESTADA". Época de la Guerra Fría. C.R. MacNamara, representante de una multinacional de refrescos en Berlín Occidental, hace tiempo que proyecta introducir su marca en la URSS. Sin embargo, en contra de sus deseos, lo que su jefe le encarga es cuidar de su hija Scarlett, que está a punto de llegar a Berlín. Se trata de una díscola y alocada joven de dieciocho años, que ya ha estado prometida cuatro veces. Pero lo peor es que, eludiendo la vigilancia de MacNamara, la chica se enamora de Otto Piffl, un joven comunista que vive en la Alemania Oriental

A FAVOR. Por encima de cualquier otra consideración lo fácil que lo hace Wilder... Lograr una comedia tan magnífica a éste bobortónico e incompasivo ritmo que se debe por completo a una narrativa continuista clásica (sin depender de gags concretos, caer en vodevilescos "abre-puertas" sin más o apoyarse en factores cualesquiera aislados a un "todo") es algo a la altura de casi nadie, superado ya el primer siglo de cine. Cagney, por supuesto y quién se lo iba a decir a uno de los más icónicos "duros" de siempre en aquellos ya entonces lejanos 30's, hace una sinfonía de su protagonista -revisen la "pd" a pie de entrada si gustan y para mayor contraste- para lograr uno de los más grandes papeles cómicos se recuerden. Tal cual. La retahíla de secundarios, todos geniales (aunque con mención especial a un jovenzuelo Horst Buchholz, en justicia), desfilando en carrusel continuo con sus cuitas y circunstancias lo bastante bien esbozadas para llegar al efecto que procede, es también algo propio del que "tiene el toque", como siempre le espetaba Sinatra a alguien cuando le gustaba lo que quiera dios que éste hiciera. "One, two, three" tiene además la doble virtud de ser una comedia abierta e indisimuladamente hilarante, lo mismo que de disponer unas situaciones más ácidas o irónicas (que Wilder es el rey del cinismo, desde la historia toda de éste arte y en definitiva) que terminan por desembocar en ese registro distinto del género que Groucho señalaba como "comedias para reír con las cejas", entremezclando de forma casi imperceptible sendas opciones de forma natural y durante todo el proceso. Siguiendo desde ahí, y para rematar apartado, la guinda pastelera me estriba a mi, particularmente, en ese llevar al extremo las convicciones y militancias políticas de sus personajes... Quizá para alguien ridiculizó en extremo el capitalismo o vanalizó demasiado al comunismo (que conviene entender el contexto histórico del film además, faltaría)... Pero sospecho que el Maestro se fue al otro barrio descojonándose de todos por igual. Él, como Lubitsch, Groucho o Keaton, sabía muy bien que la comedia humana es lo que le ocurre al individuo concreto y como unidad elemental del absurdo fungible que resulta, siempre y en definitiva, la puta vida ésta. Obra maestra, claro,  disculpándome por la obviedad y qué duda cabe.

EN CONTRA. Más allá de algún más que lógico y puntualísimo anacronismo/licencia, tanto desde el original como desde el doblaje local, este apartado podría haberse quedado en blanco tan ricamente.


CONCLUSIÓN. Es una de las mejores y más redondas comedias de siempre en la opinión personal. No veo a qué añadir mucho más ya que, en base a ello, hasta lo de "imprescindible" me suena a perogrullada de las más gordas... Por tener, hasta tiene una relativamente ingente serie de guiños y subterfugios (subrayando lo que vemos o de forma absolutamente gratuita) que la elevan más allá de lo evidenciado en cuadro. Finalmente, y hablando de evidencias, pretender señalar de forma inefable y unilateral (en base a simples percepciones propias) a "la mejor comedia de Wilder" es un escupir hacia arriba sin más... Es un debate tan abierto ése que media docena pueden gritar hasta el fin de los tiempos sin reparar jamás en que, en efecto, todos tienen razón en mayor o menor grado. Sin embargo, mira, a una cosa si me atrevo: de congeniar, ésta és con la que más nos vamos a reír... Por lo que si atendemos a género y artista firmante es ahora cuando, ya y de una vez por todas, no queda absolutamente nada más que comentar.

GUZZTÓMETRO: 10 / 10

PD. Un breve pero interesante compendio de datos sobre éste film desde la web (básica, que no meramente recomendable, para cualquier "cinero" de bien) de Filmin:  https://www.filmin.es/blog/15-claves-que-quizas-no-conozcas-sobre-uno-dos-tres


sábado, 12 de mayo de 2018

"Bug" - DINOSAUR Jr (1988)

Treinta años del "bicho jurásico". Treinta años para "freak scene" (el "smell like teen spirit" de la generación anterior -como me la describieron una vez en el Ruta 66 hace ya algo más de dos décadas-). Y, faltaría, treinta años también para el último disco de estudio,  mucho antes del tan magnífico e impagable renacer neomilenario, con el line up clásico de la banda elegida, por encima de cualquier otra y para siempre, en éste lugar. 


Cuenta la leyenda que ya el año anterior "You're living all over me" logró poner definitivamente en el crisol de opciones a seguir en determinados  círculos, y muy en serio, a los Dinosaur. Pero, realmente y atención ruego, fue en 1988 y con "Bug" cuando cristalizó (o se profesionalizó ya en serio, si prefieren)  por completo el asunto. Plantar de seguidilla, en un periplo inferior al año, dos de los discos más seminales para la historia del medio partiendo de todo el convoluto aquel que se fraguó desde conceptos tan marcianos (entonces) como noise rock, college bands, hard core -melódico o no- o, entre otras y faltaría, el mismo indie rock (mucho antes de ser sólo sobre-comercializado y repelentoide "indie"a secas), tenía que dejar y dejó su huella ya de primeras. Diáfano ello. En cualquier caso, en octubre de la añada señalada, teníamos ya "Daydream nation" y "Bug" entre nosotros... Y siquiera tratar de empezar a hacer recuento de la retahíla de bandas y canciones que en la década posterior se nutrieron, con mayor o menor acierto y/o disimulo,  del dicho par de tótems resulta algo simple y llanamente inabarcable.  Dejando para otro día, no se dude, el disco de la candela negra de sus colegas sónicos (que por otro lado, como es bien conocido, los pasos de Sonic Youth y Dinosaur Jr se cruzan en muy numerosas ocasiones y hasta hoy mismo -lo que no deja de ser lógico: eran y son los dos "abusones" de la promoción, con el único permiso posible de aquellos más fugaces Pixies  del pleno esplendor-), el histórico tercer álbum del sulfúrico power trío Mascis-Barlow-Murph, y qué duda cabía, recoge hoy en la casa un tan humilde como muy sentido recordatorio... 

"Bug" se inicia con el inolvidable riff de la emblemática y tan jaleada "Freak scene". En la que tampoco nos quedamos demasiado, por lo evidente y obvio de su importancia en la historia, más allá de señalar (y ni que sea para que algún otro fan no me pegue por la calle o algo) su enfermizo e inconfundible overdub de capas guitarriles que sigue funcionando, hoy como ayer, tan incendiariamente fetén... Sin embargo, ya de salida, el elepé ofrece una limpieza  extraña y característica (sin olvidar nunca sobre quien tratamos, lógico -que aquí "fuzzean" hasta las panderetas al cabo y al fin-) que, de alguna manera, nos acompañará durante todo el trayecto (escasos 35') y que, a su vez, parece sacrificar parte de la frescura/locura del anterior monolito, en favor de una mayor cohesión y estructura lógica en la producción. Es más, horadando más en ello y por raro parezca como rara suene a alguien la andanada que precede al ahora mismo último punto y seguido, posiblemente (qué cosas) "Bug" sigue siendo hoy la más coherente y cuajada de sus propuestas de estudio, llegada la hora señalada de valorar la producción de un trabajo de estudio de Dino Jr como un "todo". Dicho ello, seguimos con el melodrama noisy de "No bones", que se retuerce hacia dentro con un muy reverberante bajo de Barlow manteniendo el guiso, que no hay cristo lo pague, y antes siempre de la, ya más que esperada, eclosión guitarril del capo. Todas son favoritas aquí, en cualquier caso, no vamos a jugar dicha baza... La más inmediata "They always come", mismamente, parece auspiciar los primeros metros de andadura para el celebrado  "wagon" posterior, para irse a pastos más emocionantes en su parte media (uno de los momentos más memorables en un disco ya memorable de por si, está claro)... Y cómo está, que debe insistirse una y todas las veces, Lou en éste trabajo... La saltarina y contundente "Yeah we know" se encarga de cerrar la primera parte del folletín y, por supuesto, sigue dejando constancia de ese mayor mimo en la producción del disco que aquí se alcanzaba (atención infinita por esos incontables matices que nos golpearán por siempre desde su tan engañosamente simplicidad aparente).


Sin compasión se nos cruce, la -para mí, al menos-  muy altamente adictiva "Let it ride" arranca la cara B con una velocidad y fiereza de muy difícil describir. Si Thurston o Lee le hubieran producido un disco a Neil, y por aquellos tiempos especialmente, bien fácil resulta imaginar por donde irían los tiros tras escucharla ni que media vez sea... Por su parte, "Pond song", con su más bucólico marchamo (aunque con sorpresa, que estaríamos buenos) es la otra puerta (junto a la tercera del lote ya apuntada) más claramente entreabierta al futuro "Green mind". Y entonces llega "Budge", con esa guitarra que parece sacada de su compañera de promoción "Teenage riot" (que quizá sea el revés la cosa, y viva todo ello en cualquier caso) y ese coro, tan querido como berreable, adherido al angst habitual de J al entonar... "Todas favoritas" escribía antes, si, pero por alguna razón y honestamente ésta (como "The lung" desde el anterior o "Muck" del que sucederá)  es innegociable en toda compilación casera que servidor pergeñe... Las cosas como son. Aunque también, y a la postre, cualquier canción de éste trabajo puede replantear serias dudas en dicha dirección... La tan inquietante primero como poderosa después "The post", con ese estribillo que se sobre electrifica a traición y los vericuetos intermedios de Mascis, resulta tan enorme como lo que se quiera. Si, además, tenemos a algún ferviente seguidor en eso de señalar piezas ninguneadas de grandes artistas en la sala, con ésta le toca la lotería varias veces en lo que a Dinosaur Jr pertoca. Tiempo sólo ya para la estruendosa histeria desatada de "Don't" a modo despedida, con Barlow dejándose el bazo como vocalista/gritador, en lo que sería la pieza experimental del trabajo y justo antes de marcharse con sus tremendos Sebadoh a liarla, dejando a J y Murph plantados con varios pares de narices... Todo un "precioso" final para algo tan denodadamente barroco y asilvestrado como "Bug", en definitiva (y aunque alguien quiera encontrar con ello contrariedad posible con eso anterior, ya doblemente explicado, de su mayor celo estructural en relación a lo que precedía). Desde aquí, con todas las opiniones y percepciones por doquier de quien toque según la parada del viaje, el resto es historia... Se reencontrarán de nuevo los tres a mediados de la pasada década y firmarán, ya que se ponían, cuatro de mis cinco discos de Rock favoritos en lo que de milenio va (el otro, ni qué decir, es la despedida de Sonic Youth... y qué cosas). Sea como fuere, que no falte el recojonudísimo "Bug" en ninguna colección privada que se precie... ¡ Y Feliz Aniversario !

viernes, 27 de abril de 2018

"PROVIDENCE" / Alan Moore

Que Alan Moore es un Genio narrativo, y sin discusión posible, queda más allá de toda evidencia. Que es el más nutritivo y fascinante creador de historias jamás aparecido desde el llamado "noveno arte" es otra. Y que, por supuesto, en esta casa se es fan del mago de Northampton hasta niveles de muy complicado plasmar en palabras, vendría siendo un poco lo que nos remata la faena. Porque ya no es sólo que el tipo firmase tiempo ha el mejor cómic que jamás me haya caído en las manos -y de muy largo- con el dichoso "From hell" (ya aquí hace tiempo reseñado), sino es que además y a su vez, cualquiera de sus creaciones (incluso las menos rimbombantes o reconocidas de primeras y siempre de entre las que he tenido la suerte de leer, al menos) supera en cuentas propias a lo que quiera quien sea se nos cruce. De hecho, a pesar de su tan orgullosa militancia por su vehículo artístico elegido, nunca puedo evitar -por sensaciones- una especie de aupamiento natural que trasciende a dicho vehículo y, que se lo prometo a todos, sin ademán ninguneante alguno. Todo: de Eisner a Gaiman pasando por Miller, "Maus", "El Incal" y/o lo que quieran y pretendan, queda barrido, como mera ceniza, de un simple y descuidado soplo sobre el tapete por parte del señor éste con barba y pintas.

Tras la insaltable intro, recupero hoy pues y para al espacio al tan famoso escritor (y personaje). La causa es lo que reza en título. Y la motivación es que todavía me cuesta creer lo que ha logrado con ello mismo, tras ya varías vueltas en la noria... Lo que no me había ocurrido con sus otras obras (con "V" y los "Watchmen" de frente y faltaría), llegada la hora de realizar un texto que de forma intrusa me apartara de films y músicas (que es para lo que existe mal que bien este tugurio, está claro), lo ha conseguido ésta saga  de "Providence". Los vericuetos victorianos de Jack eran insaltables, por lo ya explicado y no se pudo evitar sin más. Pero (y por seguir con los ejemplos más reconocidos -aunque los pantanos, bromas, ligas o prometheas, etc, ahí queden también por supuesto-) donde su "vendetta" aún siendo una pieza magistral se me perdía, por momentos, un poco en la autocomplacencia (era mucho más joven el autor, y aunque le guste el sermón a Mr. Moore y nos guste que lo utilice, la continuidad narrativa se resentía a veces con ello aunque, quede claro, fuera de forma muy puntual), o también, donde sus legendarios "Watchmen" a pesar de su incontestable grandeza estructural, rallando en la casi-locura y  genialidad a la par, me dejaban siempre el dedo pequeño del pie fuera por aquello de que, quieras que no, no dejan de haber gentes en mallas en danza por enorme sea todo, en "Providence", no. No hay "donde" que valga. No sucede ello, en ningún momento ni parada del viaje. Todo queda reflejado y representado sin el más mínimo e imperceptible de los reproches. No es "From hell", porque eso es imposible. Pero sí, en definitiva, me ha llegado a un nivel de satisfacción y disfrute que va incluso mas allá del resto de su largo (y casi imprescindible en su totalidad) opus, hasta fecha presente y obviando la ya repetida e inalcanzable salvedad. 

Lovecraft. Claro. De la colisión de ambos autores no podía salir nadería alguna. Y me apetece ahora, por qué no, unas pocas palabras sobre el tan célebre creador de mitos y leyendas. Para acercarse más a una idea general sobre la importancia y legado de tan  legendario escritor ahí tienen, muy fácilmente ubicable en la red además, el apreciable documental del "Miedo a lo desconocido" (también reseñado, hace lo suyo, en este lugar). Particularmente, eso si, lo que más me molesta, y desde hace largo tiempo, es algunas percepciones que con él se dan (dado y darán, por siempre y me temo). Desde algo tan atávico y pomposo como ese ponderar lo que proceda en base a una tabla (imaginaria a la postre y por supuesto) de "arte mayor y arte menor", a Lovecraft le sangra la nuca ad eternum y sin solución posible por las collejas recibidas. Y vaya mierda, sí. Ahí donde Poe, el otro autor anglosajón más reverenciado y plagiado/expoliado de siempre desde "el terror", se las apaña por persistir en la historia como el gigante literario que és (que, hombre, para un Dumas o Dickens igual no le alcanza, pero se puede ver de parrandas con los Verne, Twain, Melville, Stevenson -etc.-, sin muchos sudores y con ley plena sin que a nadie extrañe o rechine en exceso), a Lovecraft -y siempre desde esa culoprieta lectura de artes, mayores o no, referida- se le acostumbra demasiadas veces a negar panes y sales. Claro, ese estilo suyo de adjetivar hasta los adjetivos ya previamente adjetivados le suele jugar a la contra (carne de meme hoy día y en verdad: -"¿Cómo está la sopa Sr. Lovecraft?"... -"Mmmm... Ominosa. La sopa está ominosa"... y a qué más). Pero, ay, más allá de toda la cacharrería cósmica, las influencias ajenas que atesoró -desde fuera o dentro de "su círculo"-, el estar adscrito a un "relato breve" como medio casi exclusivo de transmisión, o tantísimas otras circunstancias, al final nos quedará invariablemente un hecho tan tajante como irrefutable: este hombre creó una manera de contar historias tan única como personal, sin parangón previo que se le ajuste por completo y que, faltaría, sigue nutriendo al "elemento fantástico" como uno de sus más incontestables y reconocibles mascarones de proa desde cualquier tiempo y lugar. No, Lovecraft no es sólo cosa de jugadores de rol aquejados de acné, teenagers onanistas compulsivos, amantes de videojuegos con camisetas heavies, y/o demás tópicos de a duro tres docenas...  Este señor, bastante ajustado de la almendra por otro lado (que eso también... y cómo si no), fue también un gigante... Que además cayó recientemente, unas seis décadas después de su adiós, en manos de otro gigante... Y hasta aquí que hemos llegado.


Y, tras todo ello, volvamos ya a la obra hoy nos ocupa. Para seguir, sin que sirva de precedente, un poco de información útil: la manera, en base a cronologías, en la que debe leerse todo el folletín. Fue a mediados de los 90 cuando Moore escribió, en una primera toma de contacto con la cosmología lovecfratiana, un breve relato titulado "The courtyard". Dicho relato fue llevado al cómic, ya a principios del nuevo milenio y bajo su exhaustiva supervisión, en una adaptacíon firmada por Antony Johnston que contaba, a su vez, con el magnífico trabajo del dibujante Jacen Burrows (y memoricen desde ya el nombre que es el tipo que se ocupará de toda la saga). Y ahí que se aparcó el asunto... aparentemente. Porque en 2010, y tras más de un lustro, Moore presentaba al mundo su "Neonomicon" (que ya el nombre te ubica un poco,si), que continuaba con lo relatado en "The courtyard", justo en el punto donde ésta termina (ambas obras, como todo lo que seguirá, muy plausiblemente editadas en un solo tomo por la editorial Panini en nuestras latitudes). "Neonomicon" es un relato francamente crudo. Como siempre con Moore, aludirá quizá alguien... Pues sí. Pero todavía más. Violencia, sexo y sucios lenguajes explícitos campan a sus anchas por gran parte del contenido. Y, con todo, a pesar de ese algo abusivo "efectismo" que parece sacado del libro de estilo de la HBO para cuando se les acaban las ideas ("cuando no sepas que hacer pon una polla o un par de tetas y arreglao") y que, a qué negarlo, puede confundir a más de uno, subyace en la historia ese "hay algo más que se esboza o susurra pero que no se nos explica", donde tan bien se mueve siempre el autor inglés. Además, al final y como suele ocurrir, tampoco hay para tanto (aunque eso sí, esto ya te avisa desde la portada con un muy inconfundible "solo para adultos" -que añadiría uno aquí lo de: "mantener lejos de...", ya puestos-), y "Neonomicon" és, en resumen, una bien resultona historia de polis con elemento fantástico (y sectas secretas piradas) que se las apaña tan ricamente para funcionar de forma autónoma. Pero, claro, si esto se acabase aquí, y ya de entrada, no estarías leyendo esto ahora mismo... Y es que, en efecto: ¿pues no resulta que, con todo ello, el muy cabrón no había hecho sino una introducción de "lo gordo" que todavía estaba por llegar?... 


Entre la primavera de 2015 y la de 2017, Alan Moore (con la ayuda de Burrows) escribe y edita "Providence", el acercamiento más delirante y desacomplejado a Lovecraft que, independientemente del medio, jamás me haya acercado a los ojos (fuera de lo obvio, con la obra del propio autor). Cada uno de sus 12 numeros (que Panini nos ha reunido en tres tomos) referencia -de manera directa, o más o menos sutilmente parcial- a, como mínimo, algún relato escrito por Lovecraft, y siempre maravillosa extrapolación mediante... Dunwich, Innsmouth, los gatos, los libros prohibidos, los cultos, las montañas y la locura. Sobretodo la locura, en realidad. "Providence" es una visita al zoo del bestiario (e imaginería) lovecraftiana de cabo a rabo y al revés. Sin embargo, ay, es que además Moore no puede negarse ese complicar la madeja suyo que le es tan caro y propio: un algo de áspera contextualización histórica, ese hacer parte activa al propio H.P.L. de la historia para alcanzar este metalenguaje casi imposible (que llega a la pura histeria al final cuando hace aparecer a la "persona real" -que existe de verdad y entre nosotros, vaya- que se considera el mayor erudito de la obra de Lovecraft en el planeta), o -por ejemplo también- todo el asunto con el diario personal del desdichado protagonista en su espiral de descenso continuo cerrando cada uno de los capítulos... Y más. Muchísimo más, en lo que no quiero rebozarme en exceso y en aras de evitar "destripes" gravosos. Recréense, busquen, investiguen y, por encima de todo, disfruten de los incontables pasajes que convierten "el todo" dispuesto en algo simple y llanamente memorable. Les repito de nuevo que, por favor, no se olviden (primordial) de la dupla Courtyard/Neonomicon antes de tirarse de cabeza con lo del título de cabecera de entrada, y lo dejo ya del todo no sin antes aplaudir con las orejas una postrera vez a éste señor, Alan Moore, quien rebasada ya su sexta década de vida ha vuelto a acercarme a un nivel de satisfacción y dicha, al leer un tebeo/cómic/novela gráfica, que jamás pensé pudiera repetirse. O casi. Que se peleen pues watchmens y vendettas por el bronce y hasta el fin de los tiempos... La plata, justo ante las mismísimas puertas del averno, se queda -al menos para mi- en Providence.