miércoles, 20 de septiembre de 2017

THE DREAM SYNDICATE - "How Did I Find Myself Here?" (2017)

En resumen... El nuevo disco de Steve Wynn y su sindicato onírico vendría a resultarme como ese glorioso momento, reconocible por todos, en el que tan a gusto se está en un lugar que uno no puede reprimir aquello del: "De aquí no nos vamos hasta que nos echen" (o similar). Tal es su enjundia y pegada. Y la cosa tiene su explicación, faltaría...


Es muy fácil de entender en realidad. Cuando uno tiene en Lou Reed a uno de sus mayores héroes personales del rocanrol (y estamos en Top-3 de la historia, personalizando -chapuceramente si se quiere, pero aún por esas- al máximo el asunto), no cuesta demasiado de imaginar la opinión que a su vez se tiene de The Velvet Underground... Y de sus hijos/herederos más encomiables. Basta referir que, por ejemplo rápido, en ésta casa el disco de cabecera (omitiendo algún directo o algún doble concreto) es el mismísimo "Marquee moon" de Television, legendaria representación de dichos hijos/herederos y ni qué decir. Y, faltaría, la lista de dicha prole -con más o menos lustre según quién pondere- es más que meramente  amplia. A modo -MUY- fugaz muestrario: desde Patti Smith o Richman, los mentados Television de Verlaine o los Talking Heads de Byrne, pasando por The Feelies  y My Bloody Valentine, para llegar hasta los Yo La Tengo o los mismos Pavement... y un sindiós de posibilidades a encaber (y por quien narices pertoque), beben directamente de las célebres ubres de terciopelo criadas en aquella Factory de los mid-70's. Con todo, qué cosas, si tuviera que mentar hoy la formación/artista que con mayor vehemencia ha continuado (o continuó) "la saga velvetera", con todos sus tics y dotes diferenciables a cuestas, se me abre un debate imposible al llegar a la bifurcación: ¿Dream Syndicate o Sonic Youth?... Los segundos tenían el afán de experimentación, de emocionar de la forma más insospechada (y por ello más bienvenida) desde la suciedad y lo incómodo por montera. Pero, a su vez, sea seguramente la troupé de Wynn (a pesar de tener una discografía que alcanza apenas la cuarta parte de la de los dioses del noise-rock  neoyorquino) la que más simple y directamente me recuerda a la VU de las narices en formas y maneras... Y, ¡anda! (ya en presente), resulta que han sacado nuevo disco los Dream Syndicate. En pleno 2017 y tras casi tres décadas de hiato (que de escribir es fácil pero a ver quién narices se lo esperaba hasta hace bien poco). Y, ¡re-anda!, resulta que no es un "sacacuartos" sin más... De hecho, más que posiblemente, sea uno de los más mejores discos de Rock de éste año, sino el mejor y ya puestos a decirlo todo. Aplausos por doquier y a por éste "How did i find myself here?" que ya nos vamos...


"¿Cómo me encontré aquí?"... Sea pura retórica o apostrófico lamento, poco importa. És ello, sin más, la historia de una victoria aplastante e incontestable, a la par, macerada (de forma orgánica y natural) desde el volante del puro, duro y aplastante talento. Lo más fácil de asimilar de inicios, lo que en seguida te salta al hocico ya desde la primera escucha, sería que, en efecto, Wynn y sus esbirros han querido rescatar de forma muy autoconsciente sus registros más recordados y añorados. Porque es así y ahí (para mi al menos) no media debate. Dicho proceder, sin duda, puede hacer arrugar algún ceño al seguidor clásico que lo és/era, principalmente, por el innegable acervo innovador del combo... Los que aplaudieron, especialmente, esa deconstrucción de modos y domeñación eléctrica, y que (seguramente) duermen cada noche con un cojín forrado de negro con las palabras "White Light/White Heat" en blanco, bien gordas y visibles... Y, ojo, que en su derecho están y, por supuesto, den su gusto aplaudido por mi parte. Ahí tampoco me media debate. Pero es que, ay, és desde ahí, precisamente, donde se genera de alguna manera lo de: "mola pero se ha ido a lo seguro"... Donde se puede incurrir, por desgracia, en el ninguneo (anteponiendo el criterio propio -eso del "cuanto sé", "esto ya me lo conozco", etc.-), en el proceso, y por parte de gentes que, para mayor sangría, conocen y quieren a músico y banda (y leyenda)... Y eso, adivinaron, es que lo que me toca un algo las narices... Pues si bien es cierto que han tirado, claramente, por un recuperar tonos desde sus dos primeros y mejores (e indispensables) álbums , sacrificando el giro de los dos siguientes hacia pastos más, póngamos, inmediatos (que a mi también me gustan y no poco, ni qué decir, sobretodo ese "Ghost stories" que se mueve entre los dos reversos de la banda como en ningún otro sitio), pienso que no se acaba de asimilar demasiado bien quizá en algunos foros y forillos lo que aporta, hoy en día, un nuevo disco de Dream Syndicate. Y no un disco cualquiera, atención, sino una barbaridad de disco como  "How did i find myself here?", más concretamente... Y, de verdad, que no quería jugar la baratura de enarbolar el naipe de la comparativa con las formaciones que, a distintos niveles (desde el gafapasteo más repelente en su modernez, hasta lo más risible y patético del mainstream), "lo petan" hoy día... pero es que és de cajones, pardiez. ¿Qué ya lo hemos escuchado antes esto?... Pues cojonudo, sabes más que nadie, viva tú (incluso)... Pero sigue siendo un álbum de reputísima madre el nuevo DS. Un álbum altamente nutritivo, punzante y eléctrico, en el que (al fin) perderse y refugiarse de nuevo. 


No me engaño, por otro lado. No pretendo marcarme un Braveheart defendiendo algo que no lo necesita en absoluto ya que, básicamente,  el disco está teniendo una aceptación acojonante, por lo menos al generalizar... Pero es que, miren, dicha "aceptación acojonante" me sabe a poco a mi. Soy así de mezquino, cabrón o lo que prefieran del catálogo...  Y no puedo evitar el fastidio que me causa que, al igual que ocurrió años ha con el maravilloso "The eternal" de Sonic Youth, a un disco que se caga lo indecible en prácticamente todo, dentro de la oferta de temporada, se le dispense un trato de "buen disco" y a otra cosa butterfly (que tengo cinco novedades en el torrent y otra del rapidgator en ".rar" que no pueden esperar tanto)... NO. Y mil veces ello. "Filter Me Through You", que arranca el asunto, podría pasar tranquilamente por uno de los mayores hits jamás grabados por Ira Kaplan y cia. Solemnidad eléctrica bajo un cielo que reverbera estática acunada por ese órgano tan apenas imperceptible como constante. Magnífica alfombrilla de la puerta acceso para "Glide", que es el cambio de marcha partiendo de exactamente las mismas armas, y donde se acelera melodía e instrumentación... y el veneno ya ha sido inoculado y te circula por la sangre como debe y procede, ni qué decir. Para "Out of My Head", y su overdub constante de principio a fin (sin miramientos ni compasión, rememorando a los Reid menos complacientes),  ya la cosa cabalga sola como un tiro y se pierde uno tratando de contar cosas (todas buenas y algunas enormes) a las que nos retrotrae lo que escuchamos. Sin embargo, como cabritos lo son un rato pero tampoco se quiere abusar, en "80 West" juegan la "baza pixie" (y recuerdo que estos ya hacían antes "estas cosas" que todos los pesos pesados del posterior indie-rock yanqui de mayor enjundia). Tras la mayor accesibilidad de dicha pista tenemos "Like Mary", el caramelo de mieles y limones que nos recordará a todos, por enésima, qué buenos pueden resultar los Galaxie 500, en general y, especialmente, según te pillen. Tras la calma, siempre tan -agradecidamente- cara en este trabajo, ahí tenemos "The Circle", el highball definitivo por si alguien lo necesitaba. La versión hipervitaminada de la anterior "Out of my head", destilando electricidad (concepto o condición que he repetido mucho y se lo aseguro que, en ésta ocasión al menos, no es casualidad ni mucho menos) y reverb por todos y cada uno de sus segundos. Pero llega la virguería, claro. El tema títular: "How Did I Find Myself Here" (la canción -y perdiendo la interrogación explícita para la ocasión-). Prodigio de obvias tonalidades jazzísticas donde, también de forma obvia, se nota especialmente la aportación de la magnífica, y ya histórica, base rítmica compuesta Mark Walton y Dennis Duck en 1984, lo mismo que, de una u otra manera, varios de los tótems insaltables para Wynn (de el guitarrazo al tendío del maestro canadiense, hasta la ensoñación de los neoyorquinos del subterráneo, y tanto de más que en medio nos pilla).Tras los once minutos de epopeya de estilos y tonalidades, solo nos queda ya ésta postrera "Kendra's Dream", donde más allá de aparecer en título, la miembra original Kendra Smith colabora, marcándose "un Nico" y recordándonos aún una última vez quien és la principal y más sentida influencia de éste personal... Por lo demás, admitir que se omitió demasiado torpemente, hasta ahora, las aportaciones (y de tan obvia importancia) por parte del otro guitarrista, Jason Victor, secuestrado desde alguna de las anteriores encarnaciones de Wynn, lo mismo que recalcar que, en efecto, nos encontramos ante un tracklist escueto... Aunque con trampa, ya que lo és sólo a la vista. Sus ocho canciones alimentan como ochenta de otros y, en cualquier caso, por ésta vez aquellos que claman (no sin altas dosis de acierto, por lo menos al humilde entender personal) por discos "sin rellenos", por regresar a los trabajos donde las canciones sean menos pero gocen de un mayor autonomía y entidad propia, se verán más que ampliamente recompensados... Sintetizando: de vuelta y con un disco que merece apoltronarse junto a sus cuatro hermanos mayores (y los dos primeros también, no se dude) sin ningún complejo ni tirantez medie. Por ello y en conclusivo resumen: ¿en 2017, y con "lo que hay", un disco de Dream Syndicate digno, por todas las legales, de llevar su nombre no és acaso de lo mejor del año?... Volvemos a lo "de cajones", sin duda. Y, finalmente, no sé si alguien le podrá mirar de una forma que no sea de abajo a arriba, al hacer recuento definitivo de lo ofertado éste año a nivel de studio albums, pero (para quien suscribe al menos) la cosa va a estar complicada de narices. 

(Pd. Otras reseñas ilustres, para desconfiados y pacatos varios, me las encuentran aquí: Addison de Witt, Bernardo de Andrés). 

martes, 19 de septiembre de 2017

¿VENCEDORES O VENCIDOS ? (EL JUICIO DE NUREMBERG) (1961)

INTRO. Tiene sus narices que algo tan fungible como "Adivina quién viene esta noche" sea el film por el que más suele recordarse al realizador Stanley Kramer. Incluso aquella tan desmedida astracanada a la carrera (vibrante y/o divertida según te pille, pero astracanada al fin) de "El mundo está loco, loco, loco" goza de mayor popularidad que el film que toca hoy. Sin embargo, nadie se engañe, la mejor y más contundente muestra del buen hacer del famoso cineasta neoyorquino tras la cámara residirá, por siempre, en ésta "Judgment at Nuremberg". Muy superior, al humilde entender personal, no ya a los otros films referidos hasta ahora (evidentemente), sino a las otras referencias con mayor enjundia que aparecen en el catálogo del autor: "Encadenados" (1958) y  "La herencia del viento" (1960) (lo mismo que a esa debilidad que me supone "El secreto de Santa Vittoria" de 1969 -ya en éste espacio abordada hace bastante tiempo-). No la liemos más aquí y basta referir, de momento, que estamos (y en la más pacata de las lecturas) ante un top-10 inamovible de los mejores films de juicios nunca habidos. Y con la boina, además. Tal que así es la cosa.


"SINOPSIS PRESTADA". En 1948, tres años después del final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), cuatro jueces, cómplices de la política nazi de esterilización y limpieza étnica, van a ser juzgados en Nuremberg. Sobre Dan Haywood, un juez norteamericano retirado, recae la importante responsabilidad de presidir este juicio contra los crímenes de guerra nazis.

A FAVOR. Magnífica decisión lo de apostar, para el libreto on screen, por el mismo autor de la obra teatral (Abby Mann , quien por cierto iba a ganar el Oscar de marras al mejor guión adaptado por su labor). Se nota. Y mucho. Pues tanto escritor como realizador derogan, casi  por completo, el limitarse a colgar pasquines efectistas, practicando el ventajismo fácil del contentar la férula antinazi del gran público, sin más, para tratar (y a la postre conseguir) de plasmar varios de los distintos puntos de vista y situaciones que, agazapados tras tan horrendo capítulo de la Historia, se pudieron generar y, por infinita desgracia, se generaron. Ese rehuir, de forma ex profesa, los blancos y negros propios del maniqueísmo más simplista y recalcitrante es pues, sin duda alguna, el principal volante e intención de lo que se nos viene a relatar en las tres horazas de metraje aquí reunidas... Y que pasan de forma bastante fugaz, por otro lado (síntoma inefable del buen hacer desde la sala de máquinas). Mejor, partiendo de dichas premisas, procurar tener la mente abierta y entender que ante algo tan fatalmente extraordinario como fue el yugo nazi, las percepciones demasiado "aprioristas" pueden hacer que nos quedemos muy cortos o, al revés, nos pasemos demasiado de largo según sea a lo que atendamos de forma ya más prolija y concreta (quizá los hijos de puta lo sean más aún de lo que imaginábamos o, por contra, haya a quien se le abra por sorpresa el beneficio de la duda, más todo lo que en medio quede -siempre a colación de lo que aquí se nos enseña-... y aunque, por supuesto, cuñadismo habemus: "todo eso se sabe ya... que no deja de ser histórico"). Es desde ahí donde, está claro, podremos al fin disfrutar de un magnífico largometraje de los de "juicio y tentetieso". Por tan sumamente serio sea el tema por un lado, mientras que, por el otro, conseguiremos deleitarnos, no quepa mínima duda, con un casting coral (toda una especialización, o casi, por parte de Kramer) relleno de nombres famosos y a cual más tremebundo llegada la hora de ponderar sus aportaciones... Porque, y esto es quizá lo que más me agrada del film, esa pluralidad de roles tan diversa, con su correspondiente reparto de verdades y/o miserias particulares a cuestas, es de muy difícil pagar del todo. Quédense con quien prefieran: Tracy como juez pre-jublidado en uno de esos roles que nadie puede hacer mejor; un Richard Widmarck aparentemente contenido cuya contención explota esporádicamente para aplauso de sus fans (como quien suscribe); la Dietrich mostrando un derivado social determinado "post-holocausto", en el que rara vez se ha reparado en el medio y/o en la temática abordada; Lancaster como el flemático juez juzgado cuya tragedia se torna doble por la autoconsciencia final (y con magnífica bofetada de despedida ya tocando los títulos de crédito); Maximilian Schell como el resuelto y a veces acelerado (y media comprensión que le toca bailar con la más fea de todas en su rol) abogado defensor de los encausados; Judy Garland en su torturado testimonio, cuyo paroxismo acaba por despertar al "león dormido" del letargo; o, por supuesto, con éste Monty Clift, ya en sus últimos años y presa de varias adicciones (hasta el punto que su aportación se realiza en bastantes tomas y partiendo de la pura improvisación, con carta blanca del realizador, en gran medida) que pretende robarse el film de un zarpazo en apenas diez minutos de trabajo... Con quien quieran, vaya y me repito. Que es lo de caerse un barco en un crucero y darle al agua: acierto seguro. 

EN CONTRA. Muy difícil no perderse en concatenaciones subjetivas, con estos temas de por medio (ésta entrada bien pudiera ser perfecto ejemplo de ello, se admite sin problema). Pero, de verdad se lo aseguro, que el esfuerzo por evitarlo, -y de conseguirlo ni que sea parcialmente-, vale la pena y mucho... Que sean después, entonces, las consideraciones morales y denuncias de cada espectador particular... Primero disfrutemos del puro y duro Cine aquí ofertado. Que es mucho. Y me consta que es harto difícil, no se me escapa, porque más allá del alzamiento de los putos nazis y de lo que de él deriva, hay un debate aquí acojonante, y apenas soterrado, sobre legalidades de estado vs. justicias elementales que... Joder, ya estamos otra vez !... Pero es que tan lógico me resulta ello, de todas formas... Tan desgarrada es ésta historia (precisamente por ello, por ser "historia" -y señalarnos, por ende, con el dedo y empíricamente como la especie fallida que tan claramente somos a veces y a un nivel mucho mas allá del difícil digerir-) que, sin quererlo y de forma natural, desdibuja tanto algunos roles determinados (y aún por muy bien interpretados estén), como también, y ocasionalmente, otros aspectos de su facturación cinematográfica. Y da igual que, faltaría, esos aspectos sean presentados de forma irreprochable (se insiste porque es así). Es una batalla pérdida de antemano, por dura y pura comparativa tan natural como lógica. 


CONCLUSIÓN. Kramer sabía, en todo momento, que se tenía que sacar tajada del conocimiento general que se tenía (y tiene) del tema al estrenarse éste film, por obvias y todavía entonces recién cicatrizadas heridas (poco más de tres lustros pueden parecer muchísimo  tiempo hasta que reparas que en el otro platillo de la balanza lo que ejerce el peso es el término "holocausto", diáfano ello). Y es que: ¿cuál es/fue en realidad el grado de implicación del pueblo alemán "no amenazado" durante el alzamiento? ("es al pueblo alemán a quien se está juzgando aquí", que espeta en uno de sus fraseos Maximilian Schell -el otro "oscarizado" de la función-), no es sino una manera, poco sutil pero altamente efectiva, de preguntar a su vez al espectador: ¿hasta qué punto, realmente y partiendo de una premisa obvia de honestidad, nos la jugaríamos por poner en riesgo a nuestras vidas y familias por ayudar a un vecino de dos calles más abajo al que apenas conocemos?... Acojona realmente, a poco se analice. Y puede, incluso, que de repente ya no seamos tan gallitos, en este mundo de redes sociales y selfies... ¿Y los jueces? (los de la película y los que no, si se quiere, aunque mejor centrémonos en los primeros por acotar ni que sea)... De entre millones de víctimas (inocentes) asesinadas siempre habrá "una primera" (y como tan certeramente se nos subraya en la conclusión)... ¿Puede ahí el mero disfraz de la legalidad regida por intereses -más o menos oscuros al generalizar, y más oscuros que una noche sin luna ni día le aguarde para el caso nos ocupa- opacar la más evidente, epatante, cruda y repugnante de las injusticias? Pues, en efecto, es ahí donde tenemos el decodificador postrero para hacernos una opinión del episodio específico que en éste film se nos relata... Que los altos cargos nazis eran un atajo de genocidas, sádicos y deshumanizados hijos de la gran puta, no es algo ni que se planteé en él. Se da por obviado en todo momento y punto (aquí no hay nadie frivolizando, tornando fatal tragedia en efectista espectáculo... poniendo, no sé, piedrecitas en algún sitio al final de la peli o similar, por ejemplo). Lo único -se insiste- que puede achacarse a "¿Vencedores o vencidos? (El juicio de Nuremberg)" (amén de la innecesaria licencia a la hora de traducir título a la lengua cervantina por parte del hacha de turno), en definitiva, es que la empatía, -por parte de sus propios hacedores-, que se genera con lo que se nos explica fagocita en parte las puras y duras formas (ocasionalmente,  incluso, llega a acercarse al documental para algún pasaje). No por ello, y se insiste con mucha mayor vehemencia, debiera dejarse de disfrutar un tremendo ejercicio de Cine. Y de muy alto octanaje. Como el que sin duda se nos dispensa. 

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

viernes, 15 de septiembre de 2017

LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (1938)

INTRO. Lo de que Billy Wilder tenía colgada en su despacho de trabajo una placa que rezaba en ella "¿Cómo lo haría Lubitsch?", para inspirarse cada vez que le sobrevenía una duda, es (en efecto) una de las anécdotas más sobadas y manidas del mundo del cine. Sin duda. En cualquier caso, tenemos en liza con ésta película de hoy, y precisamente, a ambos dos... A los dos más grandes y mayores genios de la comedia que Hollywood, o el cine americano en general (y aunque ninguno de los dos lo sea), haya proporcionado jamás al mundo (y con todo el perdón del mundo a los adoradores de los Capra, Cukor, Edwards o Allen -relativo etc.-, entre los que en mayor o menor grado también me cuento), en su primera colaboración. No alargo más éste epígrafe. Si ello, dicha barbaridad más que obviable para cualquiera que ame y conozca un mínimo medio y arte (y su historia),  no es reclamo para acercarse al film (en caso de no haberlo hecho nunca), me temo que solo me queda recordarle que la temporada de petanca está presta a comenzar, o bien y por qué no, espetarle directamente: ¡Venga a la calle, que esos pokemons no se van a cazar solos, canalla! (o similar).


"SINOPSIS PRESTADA". Michael Brandon es un millonario malcriado y mujeriego que ha tenido siete esposas, todas atraídas por su fortuna. En una tienda de la Riviera conoce a Nicole de Loiselle, pero en un principio ella le rechaza. El caso es que Nicole, hija de una familia de nobles franceses venidos a menos, decide, a instancias de su padre, aceptar finalmente la proposición de matrimonio de Brandon, pero deja claro que lo hace sólo por su dinero... 

A FAVOR. Que Claudette Colbert (una de las grandes estrellas de la etapa "dorada" de Hollywood) puede devorar éste y cien roles iguales antes de desayunarse es algo de cajones, de la misma forma que todo el plantel de secundarios (con un jovencísimo Niven a la cabeza) rema aquí a favor de la comedia en las formas que convendría esperar. La sorpresa, para quien no conozca el film (obvio), estriba mayormente en éste poco reconocible Gary Cooper, tan alejado de su hierática -a veces incluso pétrea- expresividad con la que tantos le suelen asociar... Y error, claro, Cooper demuestra aquí con holgura que podía hacer el payaso como el primero y sin problema... bajo la batuta adecuada. No es que, nadie se confunda, se convierta de pronto aquí "el que enfrenta peligros solateras" en una especie de proto-Lemmon (por ejemplo), pero Lubitsch sabe utilizar su porte y severa expresión para llevarlo a donde quiere con muy certero resultado (y para hacer eso tienes que tener un actor, no un póster, y Cooper -además de "estrella"- sin duda que lo era). También, cómo no, saca el realizador gran partido de la acostumbrada colisión que se da en el tan ágil  guión, donde la sofistificación por montera de Brackett se da de leches con el enredo y enjundia natural de ese pequeño genio llamado Billy Wilder (que el propio Lubitsch pidió que le ficharan bastante antes que, el a posteriori también legendario director,  tuviera la primera y tan ansiada oportunidad de ponerse detrás de una cámara). Y es que, en síntesis, estamos ante una película que, a pesar de las circunstancias que los anacronismos varios puedan generar vista hoy, no deja margen posible al error. Las partes involucradas son demasiado, así en general, para que se incurra en ello... Y siempre, una y diez mil veces, se ruega reparen en la estructuración y andamiaje logrados por este Maestro. Vean más allá de épocas y tics o maneras de ellas completamente deudoras. El proceder, la manera de plantear los films (en puestas en escena, cadencia narrativa o  curva de desarrollo de personajes) de Lubitsch es algo que se vio en este planeta en 1938 y que, está claro, seguiremos viendo el año que viene (y en adelante), en distintas comedias de ámbito netamente narrativo (no de gags) . Recomendable siempre. Como, de hecho, cualquier lección del hombre que firmaría, cuatro años después del film que hoy nos ocupa, la mejor comedia en el 7º Arte que (al menos yo) haya visto nunca.

EN CONTRA. No sería la primera vez, ni la última, que Wilder (uno de los mejores guionistas -que no sólo director- de Hollywood y no en una década concreta sino, directamente, en la historia y con perdón por la obviedad) dispensaba un "final feliz" de forma abrupta, o incluso forzada. Finales muy positivos de forma inmediata, sin duda, pero también netamente lo que hoy llamaríamos "casuals" (que servían a la postre más para cerrar a negro la obra que otra cosa), y cuya continuación más allá -dos días después, por ejemplo- ya no asegura del todo dicha "felicidad" para los protagonistas y sus cuitas/alegrías... Lo que es correcto, sin duda, desde la perspectiva que tratamos sobre el cínico por antonomasia del medio y su historia. Sin embargo, para el caso nos ocupa, en un comedia avezada a todos los públicos de 1938 y producida por los Grandes Estudios eso pasaba, inefablemente, por algo abusivamente edulcorado  (y aún que lo sepas de antemano y lo veas venir desde antes de plantearte siquiera ver/rescatar el film). Por supuesto, en esta película, se concitan dos de los mayores grandes genios del Cine (así, con mayúscula) y este detalle con la conclusión sirve meramente para que de forma completamente zafia, repelente y tiralevitas un enteraillo de a duro la docena, como quien suscribe, le quite el punto que diferencia un obra excelente de la pura y dura "masterpiece". Sólo para eso ya que, en definitiva, es algo cuya acepción depende por completo de donde ponga cada uno el umbral de la empatía al ponderar épocas y amabilidades en los puntos de vista propios.


CONCLUSIÓN. Cooper y la Colbert en pantalla, el duo Wilder-Brackett a la máquina de escribir y, por encima de todo, la maestría del gran Lubitsch , configuran -sin posible debate- éste clásico que encaja ni hecho a medida con el consabido epíteto de "delicioso". El realizador exprime hasta dejar seco el ingenio wilderiano (Brackett estaba más siempre por los contextos y el aspecto externo y verosimilitud de personajes -que no es poca cosa, no medie ninguneo-), con ese réplica y contra-réplica constante que definirá en años venideros al hacedor de perdiciones y apartamentos (dentro o fuera de la comedia, vaya), y plantea un relato que si bien blanco imperial y/o falto de auténtica mala  uva si se quiere, funciona como un tiro desde su misma primera secuencia, a costa de pantalones de pijama y vendedores paliza de gran almacén. Con o sin final denodadamente azucarado (y en resumen), "La octava mujer de Barba Azul" sigue siendo un ejemplo más de estructuración inmaculada por parte de su irrepetible ente firmante cuyo eco, está claro, no desaparecerá jamás del todo mientras haya la cosa ésta del cine (¿se han fijado que sino la totalidad de sus films, prácticamente todos "los Lubitsch" tienen varios remakes, convenientemente avezados -o no- al tiempo que toque?... no piensen que es casualidad, en efecto). Y es que, en definitiva, lo de "el toque Lubitsch", que encontraremos en todo libro o enciclopedia (y más) de la Historia del Cine que se nos cruce en ésta vida, no es porqué sí. En mármol y para siempre ello.

GUZZTÓMETRO: 9 / 10

jueves, 14 de septiembre de 2017

BABADOOK (2014)

INTRO. La australiana Jennifer Kent se estrenaba como cineasta tras la cámara al colaborar con Trier en aquella pura virguería, siempre a reivindicar por lo menos en esta casa, de "Dogville" (2003). Nada mal, está claro (otra cosa es que se quedara prendada del arte del danés tras ver "Bailar en la oscuridad", cuya opinión propia dejaremos para otro momento pero, desde luego, ya adelanto que muy positiva no resulta). En cualquier caso, y antes de continuar, quizá deba advertirse al lector que, como siempre, éste texto no va a quedar exento de spoilers (recuerden: "si no los he puesto es sólo porque se me han olvidado", que reza uno de los mantras de esta cochambra). Y, en efecto y para solaz de los shyamalanistas de pro, estamos hoy ante un film que juega de alguna manera esa baza del "giro efectista", que tanto gusta a los fans del creador del niño que "a veces ve fiambres" (y que, por contra, a otros nos resulta tan, sino directamente barata, sí claramente avezada a determinados productos del  medio televisivo... de donde jamás debiera salir dicho realizador, excepto en el caso  de la tremenda "The village" -que sigo pensando que no puede ser suya-). Sin embargo, atención (primordial ello), Kent lo logra de una forma netamente narrativa, sin tirones: se ve venir y ya se juega y cuenta con ello. De hecho, ese giro del terror a lo dramático es precisamente lo que da entidad y dote diferencial a su film. Film que, por supuesto, se dio un sopapo de público (que no de crítica) bastante considerable... Pintaba a "peli con monstruito" para llenar salas con teenagers palomiteros y, ni qué decir, el tema no podría estar más alejado de  ello (no era una superproducción, claro... no hay dinero para promoción, se vende como humanamente se pueda -y a quien se pueda- y, faltaría, después pasan "imprevistos"). Poco importó que, a la postre, se revelara la película como un vehículo de desgarradora fuerza (y belleza, a su siniestra manera) que atacaba un tema demasiado serio, y muy raramente tan bien plasmado, concitando realidad, fantasía y simbolismo en casi alquímicas proporciones. 




"SINOPSIS PRESTADA". Seis años después de la violenta muerte de su marido, Amelia (Essie Davis) no se ha recuperado todavía, pero tiene que educar a Samuel (Noah Wiseman), su hijo de seis años, que vive aterrorizado por un monstruo que se le aparece en sueños y amenaza con matarlos. Cuando un inquietante libro de cuentos llamado “The Babadook” aparece en su casa, Samuel llega al convencimiento de que el Babadook es la criatura con la que ha estado soñando. Entonces sus alucinaciones se hacen incontrolables y su conducta, impredecible y violenta. Amelia, cada vez más asustada, se ve forzada a medicarle. Pero, de repente, empieza a sentir a su alrededor una presencia siniestra que la lleva a pensar que los temores de su hijo podrían ser reales

A FAVOR. Todos los secundarios de esta película son completamente intrascendentes y acartonados... y no sabemos por qué. La aparencia formal y ritmo empleado son completamente lánguidos y grises... y lo mismo. Sólo tenemos a un niño con evidentes problemas de histeria y contención (que redefine de paso el concepto "ahostiable", desde casi el primer minuto de su aparición on screen) y una torturada, más que meramente sufrida, madre que ni sabe ni entiende qué le ocurre... Ambos intérpretes, breve pero insaltable paréntesis, espectaculares: tanto  Essie Davis (que se echa a la espalda el cesto entero del film sin que se resienta el menor mimbre nunca), como el mentando infante -hijo de Satán-, Noah Wiseman, debieran haber dejado al mundo académico (y festivalero) del medio sin premios, de darse un algo -siquiera una pizca- de justicia en dicho medio... Desde aquí (y ruego atención con lo arriba explicado de los spoilers en ésta casa, lo mismo que con la "sinopsis expoliada" posterior), solo cabe irse rindiendo, durante el trayecto/metraje, a una historia que, de hecho, no deja de ser un cuento, por mucha clave gótico-pesadillesca calce, de presentación-nudo-desenlace, y hasta con su moraleja (perfecta, el mejor aplauso de una obra ya de por si plausible en varios frentes) a cuestas. Porque es al descubrir que éste atemorizante "Babadook", con el que "sueña" el niño, no es sino la manifestación de la depresión de su madre -generada desde lo explicado en la primera frase de la sinopsis-  cuando todo lo anteriormente dispuesto cobra sentido... Y lo vas viendo venir de a poco, sin pausa ni margen de error (de nuevo fantástico en cadencias y tiempos el trabajo de Kent), y se nota que así se quiere que resulte ya que, sin duda, és ahí donde reside el mayor y mejor activo del todo generado: es un drama crudo y altamente hijoputesco lo que aquí tenemos realmente delante. Drama que, únicamente y eso sí, le ha robado a alguien el disfraz de Halloween en un descuido (y a modo de tan obvia como simbólica licencia narrativa). Y, ojo, que si que hay escenas de terror explícito (con "el bicho" con sombrero en danza y tal) también, pero, irremediablemente, dichas escenas pasan a ser el Bambi -o similar- de marras, y de forma automática, al comparar con el auténtico terror que aquí se propone. Porque, una vez se asimila dicho significante real, es cuando la percepción y empatía para con el crío -hasta entonces tan exageradamente odioso- nos da un 180, cuando entendemos esa relación fría y falta de alma con el resto y, cómo no, cuando (en un ejercicio de metalenguaje impagable por parte de la realizadora -¡cabrona!, de paso-) la mortecina fotografía y las apáticas imágenes (y puestas en escena) te empapan y calan de forma tan luctuosa como inevitable. Y, atención, lo mejor para su inmejorable conclusión: el monstruo acaba encadenado en el sótano, viviendo entre sombras y siendo alimentado de a diario con toda cautela y respetuoso mimo... Y el niño que pregunta: "¿Cómo está hoy mamá"?... Genial. Esto no es un producto-drama de Hollywood para consumo masivo, caro en costes pero pobre y artificial en contenidos, y otra resolución (un fantástico o bíblico "alejop, que ya me he curado de golpe") hubiera abaratado y, lo que es mucho peor, frivolizado con lo que se nos presenta. Kent tiene la sabiduría de plasmar que con "eso" no hay birlibirloque chorras que medie en concluidas cuentas (y por mucha ficción que, en definitiva, sea su cuento). Que se tiene que aprender a vivir como se pueda (y sin más) con ello, a domeñarlo hasta que el mal queda somatizado y aplastado por la bondad (en sus distintas formas) o, al menos, lo más aplastado que se pueda lograr... Dicho logro, el de su protagonista en su historia y por cierto, me parece a mí mucho -MUCHO- más épico y heroico que el de todos los films con gente en calzoncillos volando y/o astronaves disparando que el cine de hoy nos pueda ofertar en tan abusiva profusión. 


EN CONTRA. Que gran parte del público no se encontrara con el slasher (fantástico o no, pero con antagonista de carnaval en cualquier caso) que esperaba y le diera la espalda de forma tan abiertamente soez. "Babadook" no es otro film de terror al uso, en efecto... Pero, sin atisbo mínimo de duda, es un film terrorífico a todas luces y sombras (sobretodo sombras). Mucho, lo indecible de más de lo que cualquier mamarracho disfrazado, puñal en ristre y a la carrera, pueda generar. Demasiada gente que acudió a verla para "pasarlo mal", no esperaba realmente "pasarlo mal" (qué cosas)... y muchísimo menos encontrarse con algo que les obligara a discurrir a posteriori o, desde luego, que les afectara el ánimo con el denuedo y precisión que aquí se alcanza. 

CONCLUSIÓN.Su cortometraje "Monster", de casi una década atrás en el tiempo, no dejó plenamente  satisfecha a la realizadora. Está claro. Ese monstruo era, a su vez, "la criatura" de Kent (quien doy por obviado que además de dirigir, firma el guión original de corto y largometraje). Un Frankenstein particular lo mismo que una idea que, y el tiempo le da holgadamente la razón, merecía un desarrollo muy mayor. El efecto que persigue y a la postre logra, además (y para tratar de sintetizar), sería algo afín a la siguiente escena: 

... Imaginen la tópica postal de un grupo de niños de doce años de colonias, por la noche y alrededor de una hoguera mientras el "monitor random" de turno les explica "relatos de terror"... cuando el pobre tipo lleva ya cuatro del tirón, y ahí ni dios ni demonio hace ademán o gesto mínimo de tener intención de acostarse, tiene que soportar además al retaco listillo e insufrible de turno: "A mi esto no me da ningún miedo. Otra más pero que sea de terror de verdad, ¿eh?, ¿eh?" (a sumar desde ahí distintas formas de asertividad y aquiescencia por parte de los demás gremlins)... Entonces el monitor random (al que a partir de ahora ya llamaremos José Mª, porque tiene toda nuestra simpatía y es como de la familia) piensa para si: "Cabritos, pues os vais a cagar, hombre ya... Ahora si que no dormiréis, malditos"... Y entonces José Mª les explica Babadook. Y los niños quedan traumatizados. Y se marchan a la cama, donde ocuparán las próximas (infinitas) horas de noche que les aguardan mirando techos, o partes inferiores de somieres de literas, con los ojos abiertos como platos para tortilla de quince huevos... Por su parte, José Mª saldrá al porche (o similar) de la casa de colonias, se dejará caer en el balancín satisfecho consigo mismo como en muy pocas ocasiones ha logrado en ésta vida e, incluso (¿por qué no?), puede que se lie un peta mientras se pone un disco de Joni Mitchell, para ya hacerse uno, en plena paz reparadora y comunión total con la misma madre naturaleza. Fin.

Ese és, ejerciendo el trasunto con los niños de acampada y extrapolando (y con perdón por "la historieta" que se llevan a casa de gratis, de proceder), el sentir final que éste film puede causar al incauto y/o desprevenido. Desde ahí, solo aplaudir una última vez el intachable trabajo de sus dos protagonistas y, sobretodo, la valentía de Jennifer Kent  por abordar un tema tan incómodo como es la depresión (uno de esos términos utilizados sin sentido y de forma recurrente por millones pero que, en su acepción real y/o patológica, esconde un -en efecto- monstruo incomprensible para los que por suerte jamás hemos caído en sus garras), de forma tan lírica como directa. Diferente, crudo, incómodo y claustrofóbico pero, por encima de cualquier otra consideración, necesario film. Toda una victoria, al humilde entender de éste lugar y en verdad.


GUZZTÓMETRO:  8'5 / 10