miércoles, 10 de enero de 2018

TOP GUZZERO 1978 : ILUSTRES CUARENTONES DEL ROCK



Blondie, Big Star, The Jam, Nick Lowe, AC/DC, Rory Gallagher, Cheap Trick, The DIctators, Warren Zevon, Thin Lizzy, Wings y hasta los tan queridos Groovies... Tan ilustre personal (y con algunos discos fundacionales, más que meramente recomendables, bajo el sobaco aquel año) y más que se han quedado fuera por motivos de espacio y sangrante criba. Sin embargo, faltaría, uno "se debe a su público" y aquí va (en regresiva, como es habitual) el ya clásico -en el espacio- top-10 de finalistas (más el campeón del mundo mundial, para rematar) desde aquel ya bastante lejano 1978, con los rock albums que nos alcanzarán la cuarentena durante el transcurrir de éste 2018 que recién estrenamos. 

10. "Darkness on the Edge of Town"/ Bruce Springsteen & E Street Band. Tres años transcurridos desde que Bruce reventara (a lo burro no, lo siguiente a lo siguiente) todas las bancas con su anterior referencia de estudio. La continuación se mostraría pues como algo, cuanto menos, complicado... a priori. Porque ésta oscuridad al filo urbanita permanece sin problemas como uno de los grandes triunfos de músico y banda. Sin más. Apagados los focos y con un evidente sentido de "recogimiento" la estrategia y planteamiento no podía salir mejor (de hecho, repitiría operación con el maravilloso "Nebraska" tras la famosa verbena fluvial de 1980). El disco de "Badlands", "Candy's room" o "The promise land" (etc), en definitiva y a qué añadir más por lo puro y duro de la obviedad que hoy día resulta.

09. "Give 'Em Enough Rope" / The Clash. Hombre, estaba claro: "hay que vender el producto a los yanquis"... Y esa era la premisa, sentido  e impulso del segundo álbum de Strummer y demás, en muy importante medida. Si le sumamos que, además, el disco va embutido entre, directamente, dos íconos de la cultura popular, pues nada: la invitación al "ninguneo indiscrimando" queda servida para los restos. Eso sí, subyace (y siempre lo hará) un problema desde ese simplista discurrir: el disco es, con perdón por la "jerga técnica", cojonudo sin más. Permanece, indómita, la urgencia del estreno y se empieza a escuchar el chirriar de bisagras desde la sacrosanta ventana que se abrirá para el siguiente... Aquí está, por mentar lo más evidente a modo ejemplo, "stay free" (el otro gran himno junto a "train in vain" de los atacados por Jones como voceras principal para quien suscribe), la poderosa "Tommy gun" o la barbaridad que responde por "safe european home" para dar la bienvenida... "Give 'Em Enough Rope" merece pues, que no queda otra, prevalecer como entidad propia por su tan estupendo contenido. Y sin añadidos que valgan, de forma íntegra y sin lecturas sesgadas ni dobleces.

08. "More Songs About Buildings And Food" / Talking Heads. Siempre me ha resultado, y muy marcadamente además, el más esquizoide (y ruego atención especial con esto a tenor de quien hablamos) y urgente de sus discos. El que arranca la trilogía clásica con Eno y tras el igualmente mutante estreno. De ello, claro está, se alimenta en gran medida: tiene la desvergüenza tan gloriosamente desmedida y propia del anterior, lo mismo que un sutil viraje hacia el mayor cuidado de formas (tan ubicables y siempre en vano imitadas, ni qué decir) desde el encontronazo en estudio con el ex-Roxy Music. Los presuntos hits del asunto, "Found a job" y "Take me to the river", no difieren en exceso de la misma encriptación del resto lo que además parece dar, contra pronósticos valgan, cierta aureola de cohesión (a pesar de la acostumbrada infinidad de palos que se tocan) y le hace ascender, frecuentemente y sin discusión, a las primeras posiciones para con sus fieles de siempre... Eso sí, a título personal, la final "The big country" y, sobretodo, la favoritísma particular "With our love" no hay ángel ni demonio (me) las pague.

07. "Comes a Time" / Neil Young. Y tras el huracán siguió un momento de calma. Uno de los más bonitos discos del genio en su tan larga singladura y, diáfano ello, desde un estado de gracia (en lo musical) que parecía no tener fin. Con una serie de sutiles pero significantes contribuciones (algunas impuestas otras por designio propio) ver y sentir crecer las tonadas aquí dispuestas resulta la felicidad en disco, o poco menos, y aún a pesar de que inicialmente la cosa debía quedarse a chapotear íntegramente en las orillas de lo acústico. Violines, coros (importante aportación de Nicolette Larson, que tanto le debía a Neil) y hasta orquesta de despedida para otro de esos cancioneros de puro vértigo... Al final se metió "Lotta love", la mentada y tan sentida despedida del "cuarteto de vientazos" o lo emblemático de la melosa "Peace of mind" (que no se escucha sin más, se deshace en el oido la muy cabrona) pero todo ello, a sumar lo manido de estar ante un nuevo manual (más) de sonidos folkie-yanquis, no debiera sesgar la grandeza de su contenido tomado en comándita y/o bloque. El reverso más cálido y halagüeño a la desolación de la irrepetible "segunda cara playera" brillará siempre  con muy especial fulgor en "Comes a time".

06. "Blue Valentine" / Tom Waits. Otro pieza al que le "salia todo" por aquellos tiempos. Empezar un disco con una canción de Bernstein, sacada de la West Side Story y letra de Sondheim es una mezcla de autoconfianza y morro de muy difícil medir realmente... No demasiado antes de la etapa dorada con Island y poco después del "small change" de voz, dejaba nueva impronta para la historia el pomonita. El precioso tema titular que despide ésta virguería casi exige después, de inmediato a decir verdad, una ducha para despojarse el hedor de nicotinas y bourbons derramados tras la escucha. Waits continua con su vampirización urbana de Louis Armstrong en la gran city y logra, como seguramente solo él puede, un carrusel de imágenes evocadoras más que una mera sucesión de canciones, o eso parece en demasiadas ocasiones para ser casualidad (y qué facil me resulta visualizar a Jeanne Moreau deambulando sin dirección en el "Ascensor para el cadalso" de Malle al son de éste trabajo y por rápido ejemplo). Da igual si es más animada o melancólica, si le da por el stomp o por el violín: "Blue Valentine" es otra masterpiece insaltable de este otro genio... Eso sí, cuidao: que no os pille de flojeras "Kentucky Av.", que retuerce el alma sin compasión y bendito sea por ello (como por tantísimas más) el impagable cabronazo de su hacedor.

05. "Street Hassle" / Lou Reed. Y cerramos trio de ases con el músico de cabecera del chiringuito de la mano con el que ahora precede en la lista y el Elvis gafotas (siempre todos ellos, como cualquier otro mortal que jamás se haya acercado a un micro, por detrás de "su souledad" Cooke, recordemos). Palabras muy mayores éste trabajo para quien escribe... En esa batalla encarnizada por meterse en el top 5 de discos predilectos de siempre del genio aterciopelado, estamos ante un candidato muy -MUY- firme en definitiva (el encuentro con los inglesitos, el descenso germano a los infiernos, la visita a la isla beibe y el favorito propio, desde los últimos ochenta, con el nombre de "su ciudad" en los morros, no son discos sin más, no, son milagros audibles... media comprensión con ello). La entrada de "gimme some good times" que parece que hayas llegado con el concierto empezado al garito con la coña aquella del binaural (de hecho, recordemos también lo tan sobado del trabajo "parcialmente en vivo") marca tono y la sensación de estar ante un trabajo que sangra y suda desde sus mismos surcos no abandona jamás. Y por mucho cover velvetero y oldies de manual como "I wanna be black" o "Shotting star" -etc- se crucen (sin olvidar, que de hacerlo muero, lo que adoro la final "Wait"), no sería justo del todo dejar de destacar de manera explícita en éste, uno de los discos que mejor deja constancia de la furia y proceder habitual de tan inalcanzable artista, la locura en tres actos que presta título...  Piel de corral entero hasta el fin. Imprescindible trabajo de uno de los más realmente grandes ever (de los de los deditos de la mano), y a qué más.

04. "Some Girls" / The Rolling Stones. Pues si. Aún le quedaba veneno a la puta serpiente por mucho que entre bastantes la quisieran matar... o eso parece querer contarnos la historia en cualquier caso. "Some girls", con perdón una vez más por recalcar lo obvio, es la última masterpiece incuestionable de "sus satánicas". Un disco que se abre en muchas direcciones a la vez, que les recuperaba y les catapultaba a la vez. El tracklist habla por si solo: si la famosa "miss you" podía pasar por una tonada del mejor Stevie, la magnética "shattered" descoloca hasta al Tato; y si tenemos una cover de los Temptations también la bestia volvía a rugir con "lies", "respectable" o aquel caer del látigo... Por el camino se acuerdan del viejo y querido blues de manual, apenas maquillado, para el tema titular o, ya puestos, recuperaban antiguas formas countrescas para la maravillosa "far away eyes". Rematemos del todo con el canalla de Keith y la saltarina "before they make me run"y, que duda cabe, con la legendaria "Beast of burden", para linea, bingo y comprarnos el casino entero. Porque, al fin, si "some girls" es en verdad un canto del cisne, hace plena justicia (para el caso) a éste cisne concreto y con la impagable burrada que acarrea ello a cuestas.

03. "Outlandos d'Amour" / The Police. Ya está bien que los fans de los Police tengamos que ir con la cabeza gacha por los excesos del rey del tofu  (y la antipatía que a veces pueda generar) y/o lo populares que fueron... Eran una banda de la hostia, no eran meramente un producto para vender rock al aficionado garrafero que los alterna, porqué sí, con la basuraza de los yutú y/o similares (busquen videos "live" en youtube si les hace falta y comparen, que se entiende rápido la cosa). Escuchando desde éste, su estreno, temas como "next to you", "truth hits everybody" o "peanuts" te das cuenta que también tenían -claro qué sí- la urgencia de los punk/newavers tiempos que les tocó... "Sólo" que, ay caray, son Sting y Summers envueltos por Copeland, uno de los mejores baqueteros de cualquier tiempo y lugar en el mundillo éste de las guitarritas. El disco de "can't stand losing you", "Roxanne" y la eternamente gigantesca "so lonely", por los clavos y las tablas del que te dije... No merece más explicación la cosa. 

02. "Street legal" / Bob Dylan. Miren, esto lo voy a simplificar mucho: aunque para un alto porcentaje de eruditos dylanitas del orbe merezca ser lapidado en prime time en la tele pública por ello, mi disco favorito (con el único permiso del "bringing", eso también) suyo (y uno de los favoritos ever de quien sea, ya puestos) es el "New morning"... Bien, "Street legal", me da igual que sea abrir la puerta al cristianismo lo mismo que donde y como se grabara, es el que -siempre para mi- más se le parece. Tocado y hundido. El reverso soul de Dylan, con los teclados y los coros negroides, me resulta sencillamente abrumador. Solo por contener "true love tends to forget" o "is your love in vain ?" (que la madre que lo parió por ella -es de esas en que te queda en mármol porque este hombre es quien és-), ya me resulta el disco algo absolutamente irrepetible en la historia del medio. Nada sobra en "street legal", NADA, hasta la portada es cojonuda... que no les vengan lo historiadores, plumillas o enteraillos mil de turno con gaitas... Qué sufra otro hoy, que pensaría el jodío duluthero (y otra masterpiece al zurrón). Amén para siempre a la "street legal"... y sea cristiana, judia o adepta del espaghetti volador.

01. "This Year's Model" / Elvis Costello & The Attractions. El último "finalista" del tinglado de hoy se lo lleva el disco que hay que regalar a los pequeños de la familia cuando pregunten de qué iba "eso de la new wave". Tal cual. Asumiendo que la primera media docena de discos con material original de Costello es puro masterpiecismo en sesión continua, prefiero (particularmente y desde hace ya varios lustros) el estreno del año anterior y "Trust" a éste. Pero da igual, "model" es el libro de estilo. El mismo Lowe lo sabía sin duda: el desaliñado y rabiudo gafotas era "el hombre", y ahora además contaba con la cacharra infernal de Nieve y el marchamo incompasivo de los dos Thomas... Habrá que producirles !. Y ni qué decir, ojo, busquen siempre la versión british (para la yanqui el berzas de turno tuvo a bien sacrificar la enorme "Chelsea", nada menos). Mas allá de la tan famosa "pump it up", reconocer el talento de Lowe para enfrentar la formación clásica del "cancionero-tipo costellero" con las esquizoides formas de la banda es algo que quedará para siempre por acabar de pagarle del todo... Para todo lo demás, ahí está el melisma en el interpretar del autor de "Alison" y su perenne mezcla de ira y miel en exactas, perfectas e inimitables proporciones.

... and the 1978's guzzer goes to...



"ROAD TO RUIN" / Ramones. Toma ya. Y claro qué sí, hombre... Siempre he querido mucho a ésta formación. Siempre los he visto (y esto le he explicado alguna vez con anterioridad) como el Prometeo que baja, para la ocasión, el rock desde el Olimpo: "dejad de mirar de una puta vez a ésta gente, babeando con sus solos de pandereta de veinte minutos y sus exhibiciones de a ver quién mea más lejos... vosotros también lo podéis hacer !"... Y la verdad es que no podían hacerlo, o no del todo. Porque jamás habrán otros Joey, Johnny y Dee Dee, básicamente. Pero se les entiende y aplaude su regalo, su dádiva hacia el sucio y polvoriento vulgo. Tal es su importancia y su poder en la leyenda del medio. "Road to ruin" es desde ni me acuerdo ya, y además, su studio album predilecto. El que matiza y mejora su también básico segundo trabajo (y más allá de los míticos tomahawks de punk rock entre los que quedó emparedado), mostrando sus magníficos apuntes pop, donde Joey deja notar mejor y más su formación a costa de las formaciones corales femeninas de otros tiempos y donde se alcanza, finalmente, la sublimación del rocanrol en su acepción más lúdica y gamberra durante treinta minutos de pura evasión, sin otra ínfula ni motivación se nos cruce. Creo que fue en una Ruta 66, hace años, donde leí a colación "ramonera" que no hay "nada que se acerque más al infinito que el cero"...  Y así lo veo también, por lo menos en teoría, o (directamente) a nivel de "cita coehlera" de a granel... En la práctica, me temo, necesitaremos un espárrago miope de dos metros que cante de puta madre, un facha de manual amigo de las armas e imborrable cara de mala leche que se aprenda tres acordes y, por supuesto,  un yonqui con la cabeza muy mala que, eso sí, sepa escribir canciones... Entonces nos damos todos las manos, mirando muy fijamente las estrellas, mientras rezamos porque el milagro se repita de nuevo... Y, que me lo temo aún más que lo otro, ya adelanto que va a estar realmente jodido para que salga bien la cosa.

martes, 9 de enero de 2018

PASIÓN NO ES PALABRA CUALQUIERA (the book)

Hace ya bastantes años se hallaba su mendidad leyendo la "Alta fidelidad" de Nick Hornby... Y centrémonos en la novela, sin interferencias fílmicas por favor (eso se lo llevaron a Hollywood, cambiaron Londres por Chicago -sin problema les mediara- y Frears hizo lo que pudo sin más, y que tampoco estuvo tan mal ni que sea por el agravante de la tan poderosa soundtrack que derivó). Dicha lectura, divertida y recomendable en apreciable medida, me ofertaba sus pasajes favoritos, y con notable holgura, ahí donde su protagonista se perdía en espirales sobre todo aquello concreto que una canción, disco y/o músico también concreto le suscitaba de manera personal. Y no es que lo pasase mal con las "aventuras privadas" de dicho protagonista en la novela solo es que, en comparativa, me interesaba lo indecible de menos al contrastar con lo anterior. Era entonces cuando no podía evitar pensar que, como chalado irremediable en el consumir la cosa esta del rocanrol desde ni recuerdo, me resultaría,  no ya meramente asertivo sino netamente cojonudo, que existiera "algo" enfocado íntegramente en la dirección apuntada. "Algo" que se ciñera al sentimiento que deriva directamente del mencionado "consumo musical", entendiendo ello como un compañero irrenunciable en tu paso por la vida y no como algo circunstancial que mirar hacia arriba (o hacia justo lo contrario), sin más.


Y miren ustedes qué cosas, tras varios años de lluvias y soles sobre la comarca, en el último trimestre del año pasado que se edita "Pasión no es palabra cualquiera". De Joserra Rodrigo. 

Y es aquí, con ese nombre propio, donde me la pego contra lo más complicado me resulta del texto. Aunque lo ví al fin "live" hace pocos días, -en la misma presentación del libro, de hecho-, hace ya algunos años que soy colega y admirador de obra y persona. Por lo que la coartada del simple e inocente ejercicio de intrusismo a la crítica literaria nos ocupa se puede tornar, quizás, algo turbio o enrarecido a los imparciales ojos de quien contemple de forma ocasional. Pues bien, una vez reflejado lo imposible de la equidistancia en el caso nos ocupa, ya les aseguro a tod@s que me importa ello más bien poco (ese posible gesto torcido del "claro, si lo ha escrito un colega qué vas a decir...") y les animo, igualmente, a que procedan en la misma dirección. Si "PNEPC" lo hubiera escrito un astronauta de Wichita o un buzo japonés se lo recomendaría a todo cristo de la misma forma. Se lo aseguro cuantas veces sea menester y tal cual.

Fue en esa mentada y reciente presentación donde Ignacio Julià (persona que me genera sentimientos encontrados: se le admira y debe muchísimo en la casa pero, por otro lado, pienso que me debe varios miles de pavos en terapias por su incalculable contribución al pedazo troll vehemente e impresentable que puedo resultar a veces en los debates musicales varios), operando como uno de los anfitriones del evento, logró sintetizar -en otras palabras- el volante y motivo de ser del libro nos ocupa: la libertad del fan musical que tiene el talento y la gracia para manifestar su amor por el medio en cuestión. Sin las medias tintas ni los fatuos matices del que tiene que "responder ante". Pues es ello, al fin, el gran y definitivo triunfo de ésta obra, diáfano ello. Explicaba Julià, o mejor lo verbalizaba su larga experiencia como crítico musical, como a veces (por profesión) tocaba escribir, hablar o escuchar sobre aquello que no apetecía o entusiasmaba. Que se "perdía" esa ilusion, esa primordial "libertad" inicial ya mentada, y por unas u otras imposiciones... Y recuerdo ahora, por cierto, una carta en el correo de algún Ruta 66 de principios de milenio donde un parroquiano les recriminaba (a Julià y Gonzalo -los ya clásicos capos de la también ya clásica publicación-) que estaban perdiendo, y cito en literal: "la perspectiva del fan"... Estuve muy de acuerdo. A qué negarlo. Compré religiosamente todos los "Rutas" desde el doble de verano del 92 (con los Sonic Youth sobre  un coche de la pasma) para dejar de hacerlo, de forma regular (que todavía lo pillo de vez en cuando porque, pese a todo, sigue siendo lo mejor en lo suyo a nivel estatal con la boina), en algún momento de la década pasada y poco antes de que se "colorease el asunto". Razón: se habían "profesionalizado" en exceso. Ese "rollo fanzinoso", menos serio y prolijo pero, sin duda, más cachondo y cercano, había pasado a mejor vida (o simplemente, ojo, eso me parecía -y parece- a mi, claro), porque, básicamente, si querían seguir existiendo no les quedaba otra (esto se entiende mucho mejor ahora, que eso también y está claro). 

Bien, pues juntando ahora una cosa y otra (lo de la novela de Hornby y lo del párrafo que precede), toca volver a la obra con título a la salud de una de las mejores tonadas del gran Graham Parker que se abarca aquí hoy, en la primera entrada anual del espacio. Pues, qué duda cabe, si sendas cuestiones fueran problemas en un examen, "Pasión no es palabra cualquiera" es una solución tan certera como inmediata... ¿Van adivinando ya por qué este libro me resulta tan incomparable y nutritivo más allá de quién lo haya escrito? Es un libro para aquellos que todavía recuerdan lo que sintieron la primera vez que escucharon a los Ramones, o cuando se compraron aquel disco por la portada, o qué saben más y mejor que casi cualquier otra cuestión en su existencia a que canción, disco o artista van a acudir a tenor de un estado de ánimo concreto... Un libro para aquella gente que tiene la discografía de Costello doblada en vinilo y cedé, que conservan su poster del London Calling colgado con chinchetas con más de cuarenta y siendo padre, que se van a trabajar cada mañana en el bus escuchando a Aimee Mann o que, incluso, puede que tengan alguna chorrada de blog en el que escriben sus paridas, tan gratuitas seguramente, con el primer disco de los Groovies sonando de fondo en este preciso momento... No recuerdo, y me pongo a mí como el peor de los ejemplos -si quieren- pero ejemplo al fin, un solo día de mi vida en que la música no me haya acompañado ni que sea de forma fugaz. Ponderado ello, cómo narices no voy a apreciar éste libro. Despojado por completo de la pomposidad de tono engreído del que se autoerige en maestro aunque nadie se lo haya pedido (porque eso resultan ahora, en plena era de la sobreinformación, según que textos y/o artículos basados en mera compilación de datos), y hablándote de tú a tú (y aunque subyazca claramente, desde el contenido, que si el autor se pone flamenco te puede hacer estallar la almendra a base de puro conocimiento del medio y arte), éste libro se revela como un regalo al fan musical y a la acepción de éste para con el objeto de su, póngamos, fetichismo recurrente... En ese sentido, qué cojones y ya puestos, es casi pornográfico. Y bienvenido sea igualmente, claro qué sí, porque a la postre no puede ser más honesto ni, siempre y cuando seas de éste nuestro "club de la avellana", sintetizarte de forma más exacta y fidedigna. 

Es por todo ello, finalmente, por lo que pienso que esto va a necesitar de una secuela en algún momento... Sí, y aún tan a pesar de que el mismo autor no quiera ni oír hablar del tema a día presente. Porque, básicamente, el espectro que cubre es un páramo que, por contra, ha dado, da y dará algunos de los momentos más memorables en la vida de bastantes personas, al que acude impecable e implacablemente al rescate. Mucha literatura de rock, magníficos estudios, biografías y compilaciones, sin duda (y hoy día más que nunca, que también es de agradecer)... Pero siempre, siempre, desde el púlpito de la erudición (feaciente o no) o desde el escaparate de lo que, básicamente, se  expone sin más... Sólo en este libro de Joserra (omitiendo lo obvio de las autobiografías) se encuentra de forma íntegra la desvergüenza y los arrestos de tratar los sentimientos personales más allá de la mera nostalgia del recuerdo, en crudo y sin ambages, que el rock (pongan todos los asteriscos que quieran) nos puede llegar a regalar de forma tanto vitalicia como cotidiana... Recuerdo llevar en coche a mi padre para la quimio, hace dos décadas, y quedarme en la sala de espera con el cedé del irrepetible segundo disco de Eels (una de tantas perdiciones compartidas con Joserra) en el regazo, mientras lo escuchaba en el walkman con la cinta donde lo había grabado previamente... Y recuerdo más incluso que la mera imagen el puro y duro sentir de aquellos momentos... Y aunque, no se dude, podría poner ejemplos menos punzantes (llamémoslo así), de eso, de ese preciso "sentir" que va "Pasión no es palabra cualquiera", por encima de cualquier otra ponderación o circunstancia. Por eso lo estimo sin reservas no ya como la obra de un amigo, o de alguien muy respetado desde hace años, sino como algo que emerge de forma tan única como natural para alcanzar lo simple y llanamente necesario. Con perdones mil por no haber hecho hincapié en las preciosas ilustraciones de Cayetana Álvarez ni tampoco en lo jodidamente bien escrito que está, muchas gracias en cualquier caso, Joserra Rodrigo.

viernes, 13 de octubre de 2017

BECK - "Morning phase" (2014)

Beck ha hecho este año algo que a pesar de ser lo más parecido a un elepé podría catalogarse, sin especial apuro, como "terrorismo sónico". Directamente. Esto de "Colors" (2017) no hay por donde cogerlo y no se hable más (hacerlo es recordarlo y el escalofrío que ello genera es de gripe tan certera como inmediata). Seamos pues amables con el Srto. Hansen y recordemos hoy  de donde venimos, antes del recién estrenado (hoy precisa y oficialmente, ya puestos) engendro ya referido: "Morning phase" (2014). Un disco que, aunque desde paisajes más calmos, también abraza sin problema medie la sobreproducción por bandera; un disco cuya belleza parte más de la autoconsciencia que de la auténtica inspiración y/o sentimiento (a lo Elliott Smith o Nick Drake, para entendernos), o eso transpira en diversas ocasiones; un disco que, de la misma forma, se asemeja demasiado a una gran y tramposa producción hollywoodiense disfrazada de postal bucólica "de autor", sin que cuele en absoluto ni importe mucho el que se note... Un disco que, sin duda y en resumen, puede ser tildado en más de un foro y forillo como "artificial"... Y, qué cosas, con todo ello: uno de los mejores álbumes en lo que llevamos de década. Y con una contundencia más que abrumadora. Un caso altamente curioso lo de ésta "Morning phase" en cualquier caso, ni qué decir.

Me va muy bien que ahora mismo estén poniendo en la tele la magnífica "Fargo" de los Coen... No, no he mezclado textos (ni otras cosas) se lo aseguro a todos. Los Coen buenos, los que molaban (los de las siete primeras pelis -y poco más, todo sea dicho-) juegan siempre con esa carta concreta del posmodernismo que consiste en la ruptura de formas con los cánones, inamovibles y en mármol, del pasado. Cogen un "género tipo" y lo revierten en una forma más ajustada (y mejor o peor aceptada) a los tiempos corrientes, confiando en que su buen hacer prolongue su vigencia más allá de dicha premisa de base. Un punto de partida (espurio o lícito, según quien contemple) desde el que empezar a crear, sin más. Y eso, al extrapolar, es precisamente lo que define la música y arte de Beck Hansen. Ya desde el principio. Y, ni qué decir, es ello un jugar al filo del abismo continuo. Siempre habrán popes, de diversa índole y pelaje, señalando que si se quiere hacer una versión de "Oliver twist" hay que plasmar el mismo acervo, contextualización exacta y sabiduría de Dickens tal cual, sin añadidos ni cucamonas gratuitas (y que no les vengan con leches). Y en su derecho están, ojo nadie se confunda... Pero, de la misma forma, debe admitirse también que (centrándonos ya en temas musicales) si no hubieran habido gentes que se han atrevido a recoger ese guante para lograr, a posteriori, obras del calibre de "Yankee hotel foxtrot" o "Ok Computer" (por fugaces e incontestables ejemplos), el mundo sería hoy un lugar aún peor. Y también ha habido, hay y habrá mucha hez jugando a ese juego, evidentemente, pero (se insiste) no debe obviarse lo grande y magnífico que se ha logrado desde ese proceder. Y, final y precisamente, en dicho proceder pocos han sido, en efecto, tan osados (y heterogéneos) como Beck... Un tipo que samplea tres segundos de la Sinfonía Incompleta de Schubert, sin venir a cuento además, en medio de una canción y se queda tan ancho no deja mucho lugar a dudas en cuanto a intenciones, desde luego.

Ahora, recogiendo todo lo vertido en el párrafo que precede, es cuando toca reconocer el sindiós de influencias que atesora el discurso del sujeto que hoy nos ocupa... Beck és, amén de un músico sensacional, un melómano compulsivo. Un tipo que adora a Dylan tanto como a Wonder, y a Prince tanto como a Public Enemy, o Led Zeppelin, Beatles, Sly & The Familiy Stone... y todo lo que en medio pille. Y ni tiene ni pretende tener medida (de ahí que muchos prefiramos antes al tan querido Sr. Everett, compañero de promoción -y con no pocas conexiones evidentes en lo musical-, mucho más cauto, prolijo y cuidadoso por lo general). Y eso, por supuesto, es la explicación de porque tiene Beck tanta gloria como "discreción" en su opus hasta día presente. Patina a veces por aquello del axioma popular del "quien mucho abarca" pero, igualmente, alcanza -en otras tantas ocasiones- cotas altamente necesarias y de muy difícil obviar. Nunca le ha preocupado en absoluto el liarse con chimes o efectos/ruiditos mil de estudio y, de alguna manera, hasta se ha abanderado en ello esporádicamente. Eso, de la mano con esa fuerza telúrica que le lleva a enfrentarse con todo y contra todos (éste tio el día menos pensado hace un disco de death metal acústico y se queda tan ancho), ha hecho de Beck quien es hoy. Tal cual. Para bien o/y para mal. 


... Y a veces, si, para muy -MUY- excepcionalmente bien. Como en "Morning phase". El más bonito de sus discos bonitos (que ahí están los notables "Mutations" y "Sea changes" para hacerle compañía, está claro). "Morning phase" es sin duda el triunfo de un muy delicado trabajo desde el exceso más recalcitrante como tablón de apoyo en el taller. Un trabajo que emociona desde el sudor del órfebre y que de alguna manera se las ha ingeniado, con su nuevo juguete, para lograr magia sin (quizá) ser mago. Y, de paso, se las ha apañado para que resulte muy difícil que uno no esté dispuesto a perdonárselo todo... Muchas cosas que me molestan, que me crean rechazo inmediato en otras producciones, aquí son algo por lo que estoy dispuesto a mirar para otro lado sin problema alguno me aqueje. ¿Sobreproducido?. Sin duda, pero quién dijo miedo... Hay easy listening de manual que te hará buscar el botón del ascensor por instinto, tufillo a AOR que te puedes caer de nalgas, multiinstrumentación abusiva por el morrazo... Da igual. El disco integra un pacífico y mecedor sentir de conjunto que te enjaula sin darte muy bien cuenta de como ha pasado ello. Como si el Moby de las narices hubiera adquirido la atormentada alma del eternamente añorado Elliott durante unos días...  "Morning phase" es, en efecto, un disco de amaneceres y poso reparador. Un disco cuya belleza global te acaba por derrotar, por mucho te/nos chirríe algún paraje concreto. De la misma forma, un álbum que sigue sonando en casa con una profusidad altamente considerable cuando otros, también apreciados desde su mismo año de edición, han ido marchitándose sin remisión. Y es que genio de facto o "mero prestidigitador de altos vuelos" (que decida otro), pocos (desde el rock del último cuarto siglo) engañan tan rematadamente bien -o nos dejan tan indisimuladamente satisfechos, en cualquier caso- como Beck en las ocasiones que  tiene el ingenio  realmente afilado y el punto de mira plenamente enfocado. En las cuentas propias: su mejor disco, si generalizamos más allá de los matices y sin más, sólo por detrás del tan lejano e intocable "Mellow gold". Así de tajante que me resulta el asunto. Y fin.

martes, 3 de octubre de 2017

1/4 DE SIGLO DE "ANGEL DUST"

Pues como ya se celebró, en su momento y en la casa, el veinticinco aniversario de su indispensable "The Real Thing", me temo no queda otra que hacer lo propio con su tan ilustre sucesor, que nos hacía lo propio éste pasado junio: "Angel dust". Sin duda alguna mi álbum predilecto de tan impagable personal y, sin duda igualmente, uno de los trabajos rockeros que más devastadoramente me ha volado la almendra de entre los que he tenido la suerte de gozar en "real time" (agenciándomelo en su estreno, si se prefiere y para entendernos del todo). Esto es así.  

Y es que cuando en algún momento de aquel 1992, a mis bisoños dieciséis para diecisiete, me acerqué a la tienda para hacerme con éste álbum (vinilo que aún conservo como oro en lo que te dije), y bajo la influencia aún de la onda expansiva de lo que me supuso su anterior y  tan cojonástica obra ya arriba mentada, bien poco podía imaginar uno lo que se me tenía reservado en su interior... "Angel dust", el multiplatino imposible, el delirio desbocado de unos músicos con un talento inabarcable en el cenit de su creatividad y descaro. Un complicado laberinto, altamente enfermizo por momentos, donde lo esquizoide y lo grotesco se tornan pura adicción sin poderse remediar y, a decir verdad, sin ser capaz uno de poder explicarlo demasiado bien. Y esto también fue y és así. Aunque no todo resulta tan rematadamente intrincado al desgranar sus partes y, está claro: "Midlife crisis", "Everything's ruined" o "A small victory" funcionaban al fin como magníficos singles, representando su cara más amable y accesible (o "amable y accesible" siempre en sus ex profesamente esquivas formas, debiera quizá matizarse). Pero es en lo demás, en "lo otro", donde el álbum encuentra y cimenta su innegable grandeza y leyenda (nadie se despiste). A algo tan inclasificable como la inicial "Land of sunshine" (con sus pasajes hablados, risas diabólicas y teclados circenses -etc-) la sucedía ésa "Caffeine" y su curva de sofoco agobiante con explosiones de pura locura de un Patton que, de forma natural, ya se descubría como principal ente creativo, de la insaltable mano del inefable Billy Gould. Embutida entre dos de los mentados singles, estaba la desconcertante "Rv" con sus aires de serenata de cantina del Oeste y, a modo colofón para la A side, teníamos "Malpractice" que era como un cruce entre Slayer y Pink Floyd en el manicomio del nido del cuco: ecos a los requiebros imposibles de aquellos Mr. Bungle en los que también operaba el cantante, las cuchilladas de Hermann, gloriosas apariciones del teclado de Roddy Bottum a traición y un considerable número de chaladuras a sumar, al fascinante todo conseguido. 

Y para abrir la segunda cara, pues nada, mi favorita del lote: "Kindergarten". Magnífico protagonismo de la guitarra de Martin y las teclas del otro, a la par, y un Mike que aprovecha descaradamente el marchamo más reposado para lucir voz y cante. Tras ella la oda al francés (y no me refiero a Sártre, precisamente) de "Be agressive", con sus cachondos coros y demás fanfarria que componían, sin duda, el momento más festivo del disco, si tal concepto puede darse aquí por admitido. Tras ella y su invencible "pequeña victoria", que la sigue, hora ya de refugiarse de pleno en la disgregación absoluta de "Jizzlobber", que es más inclasificable que "Land of sunshine", más sofocante que "Caffeine" y más puta loca que "Malpractice"...  Inolvidable y genial. Tan descarada, tan replegada sobre si misma y, por supuesto, tan sin miramientos medien que, para mi al menos, merece un puesto de honor inamovible entre las grandes tonadas de siempre de los tan cojonudos FNM. Que a su lado algo como "Smaller and smaller", que cierra la versión analógica del asunto, parezca casi normal, obra todo un pequeño milagro... Y cómo olvidar, por otro lado, su "danza invoca lluvias" de la parte central que se funde perfectamente con los teclados, en otro de esos incontables momentos de grandeza a traición que nutre la obra de los californianos. Para rematar faenas del todo, eso sí, debe sumarse al botín (y yendo ahora a la versión digital) la instrumental cover del"Midnight cowboy", que tanto juego les diera en los directos o, faltaría, su famosísima y tan celebrada versión del "Easy" de los Commodores (cuya aparición en ésta colección, -con la que nada y menos tiene que ver-, no venía si no a constatar por enésima lo realmente pirado que podía estar de lo suyo éste personal en un momento dado... y en los demás también). Pero sigamos, Que cojonudo es poco lo de "Crack Hitler". El bajo de Gould en éste tema vale por tantos discos enteros que ni me arranco a tratar de enumerarlos por lo puro imposible, aunque (si cabe) todavía me gusta un punto más la nueva versión de su "As the Worm Turns", ahora ya con el mejor cantante (qué ya podrían haberse re-grabado el primer par de discos con Patton de voceras los muy canallas, aunque fuera dándole una buena tela a Mosley...)  y en exclusiva para la edición nipona del elepé  Y se acabó, no lo alargo más. Tras "Angel dust", un disco muy bueno, otro muy malo y, finalmente, una laaarguísima travesía del desierto antes de volver, hace un par de años, con un más que apreciable y señor disco que, si bien no se acercaba a su díptico sagrado, si podía partirse la pana sin excesivos problemas con el también honorable par que los envolvieron. Larga vida y gratitud por siempre a la grulla, la cafeína y los jardines infantiles.